El mar era todo lo que hacía falta para llenar los agujeros del alma que venían desgarrándose poco a poco y sin delicadeza por el frío del invierno, y entonces se topa con los ojos que brillan como estrellas, su piel azul, sus ojos sagrados como un cáliz, sus manos blandas y el agua blanca que vuela a través de los años encontrando lo que nunca dejó de buscar: la calma del piano que suena entre los escombros mientras la historia ruge. La música brilla con las letras que escribiría días después, porque esta paz no es habitual: it has the magic in it, como diría aquel fotógrafo beat, bisexual, perseverante en una lucha interna y eterna; la de encontrarse a sí mismo. Pero baja la mirada del sol y descubre de vuelta la razón que no es más que su vocación: la de romperse, entregarse y regalarse por entero. Vos que mirás como nadie mira, desde otro espacio, otro plano tal vez. Todo se consuma en un instante de belleza, y eso hoy le da las fuerzas para creer que el arte tiene valor en sí mismo. Que el arte los va a salvar, por lo menos el alma, como si el alma fuera poco o nada o quién sabe, quizás sea todo. Tendrías que haber venido a verme, todavía hay tiempo. No somos tan viejos como para darnos por vencidos, y si lo fuéramos, quizás así y entonces seríamos libres. Recuerdo tus lágrimas de vidrio cuando dijiste que te dolía el mundo, tus ojos derramaban sangre cortándote la piel y no podías ver que detrás del vidrio había creación, belleza. Basta de angustias, al menos por hoy. Porque la ciudad brilla con las luces que cuelgan de los árboles, las columnas de los edificios históricos disfrazadas de princesas y príncipes hacen una reverencia para recibir a la Navidad que entra triunfante, elegante, bien vestida, con la frente en alto y el corazón lleno de todo. Los villancicos se escuchan desde lejos, vienen del mundo paralelo, vienen a calmar las almas desesperadas, vienen a acariciar a las mentes agotadas de soñar. Dos copas se rozan para brindar por el regalo de estar vivos, por los momentos que vendrán. La familia, los amigos, los recuerdos y todas esas cosas que por fantásticas, seducen a la fantasía y convierten a la realidad en algo casi imposible, poco verídico. Que el luchar por nuestros sueños se convierta en el motor para seguir caminando todos los días; que tus amigas sean tu mundo; que las lágrimas que duelen y cortan como vidrios nos haga entender que sólo nos queda empezar a subir; que el amor que das todos los días sea el sentido de tu existencia; que disfrutar de las cosas pequeñas sea el secreto de la felicidad; que preservar las ganas de vivir y de andar sea lo que nos mantiene jóvenes y vivos; que soñar como un niño nos salve de la tristeza; que abrazar a la familia nos salve de la desdicha; que compartir nos salve de la miseria y que sonreír, salve a una porción de mundo.
Sonriamos más.
Abracemos más.
Amemos más.
Porque al final, el amor que dejamos es lo que va a quedar.
Porque a pesar de esa angustia que muchas veces desgarra el alma, vale la pena vivir.
Feliz Navidad.
viernes, 23 de diciembre de 2016
domingo, 4 de septiembre de 2016
Descriptivo
La historia es rebuscada, se prostituyó con el tiempo, se
inundó de polvo, está gris. Ya no es blanca, ya no es negra, es una especie de
limbo que cuesta identificar. El origen radica en que fueron estratégicamente
–o no tanto, quizás fue al azar- colocados en este Universo de mares y
preguntas y misterios, y están haciendo malabares para no tropezar, caminan y
se tambalean por una cuerda que juega con el abismo, una torre que escapa de un
precipicio: la existencia misma. Cómo esperar que entre ellos dos no existan
las inquietudes si el mundo está ocupado con cosas tanto más importantes:
hambre, guerras, miseria, mundos, etcétera, etcétera, etcétera. Se olvidó de
ellos. Ellos mismos se olvidaron de que las cosas deberían ser más simples, las
palabras deberían ser más llanas, las caricias más directas. Vayan al punto,
vamos, que las almas dejen de colisionar como los planetas que no se
corresponden uno al otro. You fuck me.
La sensualidad siempre existió, son una especie de imanes, dependientes de una droga
que no se puede dejar. Si se ven se besan. Se conquistaron, el verano los
juntó, la música los hizo bailar y con ellos giró también la luna (siempre
llena), como si se hubiese dado todo por una dulce y cínica vuelta del destino.
You snub me. Se dieron la espalda, se
rechazaron sin razón, el miedo los paralizó, no saben por dónde caminan, mejor
evitar la confusión, mejor evitar las causas perdidas (el amor es una de ellas).
Si estaban bien, ¿para qué adentrarse en terrenos desconocidos? “Sólo de la
experiencia nos enriquecemos” recordás, pero preferís no escucharte. Tales son
las ganas de no arruinar tus domingos de soledad, tus cafés de las mañanas, tus
salidas. You love me. Ahí es cuando
todo recobra sentido, parecería que finalmente se dan una oportunidad, finalmente
el mundo está de su lado. Los mensajes son transparentes, la intención es
clara. Quieren pasar el rato, sin adornos, sin ponerle nombre alguno, sin proyectar
ni pensar en un mañana. Están bien, se sienten cerca. You hate me. Todo en vano, nadie entiende nada. You show me a sensitive side. Como
todos, hay momentos en los que deciden darse por vencidos, entregarse a ese
precipicio, que sea lo que tenga que ser. ¿No son personas acaso? Animales con
razón y sentimientos, el que está libre de pecado que tire la primera piedra.
Todos han de sentir, de caer bajo las trampas de la vida, de reconocerse
débiles y simplemente llorar, abrirse al otro, encontrarse y resguardarse en el
abrazo del viento, que a pesar de todo, les dice que un Ser Superior está con
ellos acompañándolos en vela. Then you
turn into a total asshole. Ese costado digno de un análisis profundo, de
una terapia exhaustiva, botellas de vino tinto tiradas en las bocacalles de
Buenos Aires la triste, todas echadas a perder, pues tratar de comprender sus
actitudes es como esperar que llueva agua y que no se moje la tierra; si se lo mira bien parece incluso un pájaro
asustado, cobarde, un tipo que se reconoce incapaz de hablar por sí mismo o por
cualquier otro. Que sucumban las tierras si se anima a decir la verdad, esa que
todos temen escuchar. Porque es la verdad lo único que los puede salvar de
la tragedia contra la que tanto pelean. Is this a pretty acurate description of our relationship*.
*Cita de Fight Club.
domingo, 10 de julio de 2016
Andar
Cuando nos
conocimos no había expectativas, no había esperanza, no había ilusiones ni amor
ni cariño ni recuerdos ni abrazos ni una botella de vino vacía. Cuando nos
conocimos no había noches en común, no había playa compartida, no había besos.
No había riesgos ni algo que perder. Solo había vida por vivir ahí
esperándonos, había lunas, noches, un verano por delante esperando ser vivido,
bailado. Pero los días pasaron, se convirtieron en un pedazo de nuestras vidas
y como todo, lo poco que había se corrompió. Bien por mí, bien por vos, porque
empiezo a creer que en esta vida todo tiene un fin y me acostumbré a la idea,
tanto que ya no me molesta o aunque sea poco duele. Poco, lo suficiente como
para seguir viviendo como si nada, en pedacitos de piedra nos hemos convertido.
Si es que todo hubiera terminado ahí, donde debía terminar. Pero uno quiere
entender lo que el corazón ni siquiera entiende, y me quisiste explicar cosas
que yo bien sabía, solo para entenderte mejor a vos mismo. Nadie nos obliga a
amar, a estudiar, a trabajar, a actuar correctamente, a vivir con conciencia.
Nadie nos obliga a ser fieles, honestos, generosos, buenos, amables, gentiles. Podés
ser muchas cosas, a mí especialmente me gusta cuando cantás o cuando dormís.
Cuando manejás por el campo y el sol te pega en las manos, mientras fumás y me
sonreís, porque la ruta te hizo acordar que estaba al lado tuyo. Pero no es
digno no saber a dónde ir o qué decir. Probablemente cuando nos demos cuenta de
esas cosas, se habrán ido los años.
Compañero,
amigo fiel, hermano, desconocido, durmiente: despertá, esta es la vida. ¿La luz
en el fondo del túnel? No sé siquiera si existe, tal vez haya solo mierda al
final del camino. Pero somos libres hoy de decidir y vivir de acuerdo a
nuestros sueños, anhelos, equivocaciones; tantos caminos errados debemos de
agarrar. Porque no hay expectativas. Solo nos conocemos, solo estamos vos y yo,
solo sos vos y tu verdad, vos y vos mismo. Punto final. Nadie que nos juzgue,
ni siquiera yo ni siquiera ellos. Nadie que te critique, nadie que te
desprecie.
Es insólito
que con tanta seguridad me expliques cómo me ilusioné con algo –solo me ilusioné
con mundos paralelos, solo viví- cuando sos vos quien reanima con sus palabras
una historia. Yo solo fui amable a través de las estrellas, ingenua con el sol,
espontánea con la música. Al menos mis ganas no se quedaron apretadas contra el
sillón que nos hizo eternos, al menos no uso máscaras ni me escapo del mundo, a no ser que se trate del fantástico, entonces nos ponemos las alas y vamos todos allá.
Salí a
vivir sin ellos, sin mí: hay una ruta que te espera, una vida que te clama, un
árbol que te sueña, algún amor lejano que te querrá. Mientras tanto, cada uno
es lo que cada uno tiene. El piano seguirá sonando adentro nuestro, pero para
hacerlo sonar hay que andar, andar con ganas, con pasión, con razones, aunque
las razones sean las meras –y ya prostituidas, gastadas, agobiadas pero
sinceras- ganas de andar.
lunes, 27 de junio de 2016
Patio
“Como si se pudiese elegir en el amor, como si no fuera un
rayo que te parte los huesos y te deja estaqueado en la mitad del patio. Vos
dirás que la eligen porque-la-aman, yo creo que es al revés”, Rayuela -Julio
Cortázar.
La lluvia entra en mi piel como entra el café, el frío, tus
ojos. Que no me digan que me tengo que conformar con lo mundano si pertenecemos
a otra tierra. Cuál es el origen de semejante ritmo mientras el amor nos hace.
Cuál es la intención de tus manos que quieren tocarme, cuál es la historia que
nos inventó, los pájaros que decidieron volar el día que optaste por la verdad.
Cuál es el fin de todo este absurdo. Cuál es el aire que te respira, cuál es el
basural que junta todas las palabras que no nos dijimos, cuáles son las vías de
tren que esconden todas tus miradas. Cuál es el jardín con los poemas que no me
escribiste, cuál el cielo que nos espió. Cuál es el sentido de aclamar aullar
suspirar rogar –plegaria, oh plegaria, oh plegaria plegaria- por un mundo sin
injurias, calumnias, injusticias como la de existir y que no vivamos juntos.
Sin que se encierre a los que piensan diferente y los humille y los convierta
en ejemplos para la historia, ejemplos de lo que no se debe ser. Cuáles son tus
razones, tus encantos, tus vueltas. Somos niños inmaduros que no saben lo que
es el amor, somos idiotas que buscan algo que no existe, somos gente que no
sabe lo que quiere pero no para de buscar lo que piensa que es mejor –o peor,
ya ni sé-, somos adictos a sustancias imaginarias que nos hicieron creer que
eran reales, somos ambiciosos con los sueños, somos aves que vuelan sobre los
océanos queriendo ver lo que hay debajo de ellos, somos árboles que no se
mueven cuando hay tornados, somos Allen Ginsberg tratando de ser heterosexual y
Neal Cassady tratando de tener un amorío con Ginsberg mientras extraña el sexo
en Denver, somos más que los humanos menos que los perros, somos almas
desesperadas con sed de vida, dispuestos a dejar lo que amamos por algunas
inmundicias, y eso lo digo sin dignidad. Somos el violín en una noche sin
estrellas, el beso que me diste y quedó pegado en mi piel para siempre. Somos
nada. Si la nada no es la nada misma. Somos el mundo que se desploma ante los
ojos del resto, dos astros chocándose entre sí, el todo convirtiéndose en polvo,
un pedazo de luz, un poema.
Bailan, bailan todos menos vos. Baila la gente que se cree
feliz, bailan tus manos aunque saben que me perdieron, baila todo, bailan los
pobres, los drogadictos, las monjas, los corruptos, los presos, los políticos,
los viejos, los moribundos, enfermos, sanos, niños, mentirosos, jardineros,
árbol y cárcel. Somos ese rayo que sigue esperando para partirnos al medio,
a los dos, para dejarnos estaqueados en la mitad de algún patio. Pero lo que yo
no sé es que vos siempre fuiste ese patio enorme, gris, vacío, sin plantas, sin
nada, sin rastros de mí.
Ruge la noche y el éxtasis de estar vivo, caminan los
animales en la noche del desierto, las calles de la ciudad se preguntan qué
pasó con la historia, en qué tumba duermen los abrazos, adónde fue la compasión,
cuándo la miseria le ganó a la paz, cuándo las ganas murieron desangradas peleando contra el miedo.
domingo, 5 de junio de 2016
Vivir el absurdo
“Todo era para reírse.
O bien todo era una gran risa y a eso le llamaban historia”,
Rayuela, Julio Cortázar
Rayuela, Julio Cortázar
Me despierto un martes, toso un poco, camino en medias hasta
el baño, me empapo la cara, me seco con la toalla y me miro al espejo. Cómo
llegué hasta acá, en qué momento pasó la vida, cómo es que la vida sigue
pasando en contra de mi reloj, en contra de tus tiempos, en contra de los bebés
que nacen, de las estrellas que se apagan, de los viejos que mueren, de la vida
que como una tragedia se pasea por las vías del tren, jugando con la muerte
todo el tiempo, riéndose de los débiles, haciéndonos acordar que todo esto es
un absurdo. Que la gente sufre, se enferma, tiene hambre. Tienen al amor de su
vida en frente pero no pueden estar con él. Tienen todo para ser feliz y se
lamentan, lloran. Tienen salud, pero el corazón lo tienen roto. Tienen un mundo
esperándolos queriendo ser recorrido: océanos donde nadar, especies para admirar;
quieren sumergirse en cien ciudades, leer libros, ver películas que les pueden
llegar a explicar –o al menos los van a acercar- al sentido de todo esto. O es
bien todo una gran risa, por no llamarlo miseria. Crímenes pasionales, ciudades
inundadas, campos, kilómetros de verde y tu alma esperando ser amada. La vida:
un árbol en medio de un desierto. ¿Será eso? ¿Será eso, todo eso que pasa
mientras dormimos, mientras soñamos? Tal vez son los sueños que soñamos… tal
vez… ¿estará ahí escondida la verdad? ¿En la atmósfera, en lo más profundo del
mar? ¿Adentro de eso que creemos son nuestros corazones? Aprender a vivir
porque nadie sabe vivir, mirarme de vuelta en el espejo y preguntarme quién
soy, qué son las cosas que me hacen sonreír, cómo crecí, en qué creo, en quién
creo. Tantas ciencias, tantos estudios, tantas encuestas, tanta política para
que al final se siga remitiendo todo a este punto infinito que jamás podremos
alcanzar. La semilla, lo que nos engendra, lo que nos mueve, lo que mueve tus
manos, tu incoherencia, tu pesar. ¡Qué patético sos, cómo dibujar tu
personalidad ridícula, cómo poner en palabras tus gestos turbios, tus actitudes
que van en contra de tus deseos, tus deseos que se contradicen con tus
principios! ¡Es que no tenés principios! Evidente la falta de caballerosidad:
nada peor que un tipo o una tipa sin principios. Hasta los ladrones y corruptos
tienen sus propios ideales. ¿Pero (perdón por tanta pregunta sin respuesta)
realmente creemos que esto sería interesante si todas estas preguntas tuvieran
una respuesta? Si en el libro santo estuviera la receta escrita, la fórmula de
la felicidad, la Sabiduría
con nombre y apellido, el porqué de la vida, el famoso sentido o el Gran
Absurdo, entonces nadie querría vivir, porque lo mismo daría estar muerto. Por
eso seguimos buscando, me sigo despertando todos los días creyendo que sé un
poco más de todo pero entendiendo cada vez menos. Porque mientras todo esto
siga girando, mientras te escuches y por lo menos algo te prenda fuego,
mientras ese fuego te queme el alma –ya sea el del amor, el de tus desesperadas
ganas de andar- seguiremos viviendo, seguiremos buscando, sorprendiéndonos de
las mil maravillas, asombrados por la belleza de un pájaro que vuela sobre el
mar, escribiendo, cantando, pintando, escuchando la música que toca el mundo y
riéndonos de la historia que nos envuelve para no llorar.
domingo, 8 de mayo de 2016
Noches luminosas
Cómo expresar lo inexpresable, cómo comprender que
simplemente hay momentos luminosos, que provienen de otro lado, de otro mundo,
que responden a otras leyes –o la falta de ellas. Ver cómo se disuelve de
repente el mundo, en un instante, cuando comprendemos que hay cosas que la
lógica no ve, que el corazón tiene razones que la cabeza no entiende, que el
amor, como así decidieron llamarlo, es mucho más que las palabras, que las
imágenes, situaciones, emociones. O es eso y mucho más, es eso y es todo el resto,
es la canción de Titanic que revuelve las entrañas, es la última frase de cada
película de amor, son las palabras que proclama Fitzgerald en Gatsby, es la
rendición a todo, creer que este mundo no es lo suficientemente fuerte como
para bancarse una historia semejante. Por eso los barcos se hunden, por eso
Romeo y Julieta es una tragedia, por eso los terceros aparecen, por eso la
gente impone leyes ridículas, la vida molesta con las diferencias que nos
separan, con océanos que hacen las distancias enormes, las edades que rompen
con todo, caprichos del destino, trabas insoportables, sinsentidos,
atrocidades, frialdades, muerte, infidelidad, enfermedad, ruptura, traición, de
vuelta el dolor y esas cosas. Por eso me agarraste la mano y me dijiste “Que el
mundo espere, hoy nos toca a nosotros”. Y así fue. Por una noche los autos
dejaron de andar, los semáforos dejaron de funcionar, la gente durmió, las
estrellas brillaron pero el mundo se quedó quieto. Los animales deambulaban a
oscuras, los bares cerraron, el viento movió los árboles y vos me hiciste mover
a mí y con un beso me enseñaste que hay algo más allá de todo, que las cosas no
se remiten a lo que uno ve o entiende. Que podemos hacer nuestro lo que es
nuestro, que la noche ilumina la ciudad y se puede encontrar la felicidad en un
bar oculto que esconde esas historias que jamás podrán ser ni nunca podrían
haber sido. Que las flores son más lindas para los ciegos porque aprehenden el
olor, la textura, la suavidad, la misma con la que paseamos esa noche,
cuando las sábanas se movieron al ritmo de la luna, que cantó, sonrió y se
sonrojó. Son esas vueltas del destino, es la vida diciéndonos que la felicidad
es esto y nada más, que dejemos de buscar el amor porque el amor nos va a
encontrar a nosotros, así como la música encuentra el alma y el alma encuentra la
luz. Paz mental y entender que estamos completos. Y por último, la mirada. Sentir que los astros se expanden,
que el universo me abraza, que los pájaros vuelan todos juntos hasta el fin del
mundo mientras el sol se esconde en el mar en una playa infinita, que los dos
seamos uno con el rayo de luna que nos encandila, que los sirvientes del
destino –o los amos, vaya uno a saber- rían viéndonos, entendiendo que todo se
dio como se tenía que dar. Que el romance y esas cosas absurdas se rindan a
nuestros pies, porque nada se asemeja a la realidad que juega con ser fantasía.
Sentir más, viajar más, amar más, ver más allá. Porque las estrellas no son
meramente estrellas. Son haces de luz, milagros de los sueños. Los campos son
verdes porque la paz es de color verde y el mar es azul, transparente como tus
ojos, como la verdad. Porque la traición, la infidelidad, la muerte, el dolor y
esas cosas se rinden frente a la lucha eterna, donde los enamorados pelean con
besos y se defienden con amor. Se trata de esas noches luminosas, eternas, que
todas juntas, puestas una al lado de la otra y una encima de la otra y una
atrás de otra, forman eso que nos gusta llamar magia. Pero a diferencia de lo
que pensamos, nada de eso es imposible. Solo hace falta abrir el alma y darse
por vencido.
jueves, 28 de abril de 2016
Escenas de Buenos Aires
Buenos Aires. Departamento, piso 5. Sábanas blancas. 3 am. Suena la música del living, todo el resto calla. La ciudad está quieta.
La ventana está abierta, entra aire frío, vuela la cortina con el viento. Ellos dos, acostados en la cama: él la abraza. Ella le da la espalda pero sonríe. Escuchan la música que sigue sonando desde el living. Todo es blanco. Las estrellas no brillan, pero alguna que otra se puede ver. Son los únicos seres vivos en la ciudad. O al menos despiertos. Buenos Aires duerme afuera, espera que pase eso que tiene que pasar. Buenos Aires la bella, Buenos Aires la suave, la romántica. Abraza a los viajeros que nunca llegaron y duerme con los amantes que viven ahí. Las luces de los departamentos de afuera se prenden y se apagan. Algún que otro pájaro azul se posa en la ventana y sigue vuelo. Ella con los ojos hipnotizados en el paisaje de afuera absorbe la música y el viento. Él la sigue abrazando y la busca para sentirla. De vez en cuando también mira el horizonte que no existe, tapado por tanto edificio y cielo. Por momentos son uno, por momentos son dos, por momentos son tres con el pájaro, por otros son cien con las estrellas, ciento uno con la música, ciento dos con la cortina que baila.
Ella suspira aliviada. Él cierra los ojos y se apoya en su cuello. Sus manos rozan las de ella. Sueña con todo fervor y todas sus fuerzas y sus ganas que este momento sea eterno. O al menos que dure un poco más. Trata de no pensar en que la noche en algún momento va a terminar, que el sol se va asomar y que el momento luminoso va a terminar. Caducar. Pero la escena sigue, nadie dice nada. Pasa un tiempo. Ella se da vuelta y lo mira a los ojos, sonríen. Ella le acaricia el pelo. Él le da un beso y la trae contra su cuerpo. Duermen así, de forma plácida, como los animales del campo. Se apagan como la leña que ya no quema.
Próxima escena.
Ella despierta primero, como siempre. Se viste rápido con la remera que encuentra tirada en el piso, hace ruido pero él no despierta. Se acomoda el pelo en el baño y lo espera a los pies de la cama. Ahora la cortina está quieta y por la ventana entra un rayo de sol que empieza a calentar. Se escucha algún que otro grito de niño, alguna risa, algún llanto a lo lejos. Guarda las manos en sus bolsillos del jean y siente el sol en su cara. La nutre. Él despierta y la contempla, ve cómo el sol entra en el cuarto con espesor, con partículas que vuelan por el mundo, con objetos que brillan y la hacen brillar a ella. Momento efímero, se congela la imagen. El espectador piensa que se tildó la película. Y de repente sigue, como sigue la vida y todo lo que pasa.
Próxima escena.
Café de Buenos Aires. Deambulan por la ciudad, tratan de ser felices, se arrastran, ríen, se rodean de flores y de árboles y viajan por las calles que los raptaron, que los hicieron suyos. De vez en cuando recuerdan esa mañana cuando el sol la iluminó, cuando la cortina finalmente estuvo quieta. De vez en cuando frenan y se encuentran en esa noche sin luna, cuando el pájaro los visitó y con él el viento. Cuando Buenos Aires murió y resucitó con más fuerza. De vez en cuando recuerdan, comprenden y se apagan por un rato, como la leña. Para nunca volver a ser, para perderse y nunca comprender. Es el dolor y esas cosas.
“These violent delights have violent ends
And in their triumph die, like fire and powder,
Which, as they kiss, consume”, Romeo and Juliet.
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