Los
abandonó. Sin palabras de más, sin menos
descaro que la falta de un adiós que calienta el alma, necesario para
sobrevivir, indispensable para seguir. Los abandonó, como quien abandona a una
mascota recién nacida, la deja tirada en la calle como quien deja una bolsa de
basura. Los dejó, sin mirar atrás. Sin siquiera corroborar que estuvieran
vivos. Se alejó, sin miedo, sin cobardía, se los arrancó de su propia piel, se
desvistió de ellos, se soltó de la mano. Se ausentó y no volvió, dejando como
huella solamente lo que fue, porque nadie nunca volverá a saber qué será de él.
Caminó sin culpa, atravesó mares sin pensar en ellos, sin recordar que estaban
solos del otro lado del océano, sin nadie que los abrazara. Porque no los
abrazó, solamente se fue. No los besó, simplemente marchó. No los amó, se
olvidó. Sin explicaciones los traicionó, sin lástima los lastimó. Heridos quedaron
y así quedarán, tapando ese agujero que siempre quedará, por más de que brille
el sol y la luna se refleje en el mar, ese hueco va a estar, y no hay sol que
por más sol que sea, alcance para llenar lo que no hay. Mientras el recorre
tierras fértiles, arenas vírgenes y playas desiertas, ellos esperan un regreso
que nunca va a llegar. Lejos de donde canta la música y cerca del dolor,
sonríen sin sonreír y esperan sin esperanza. Poco a poco van acercándose a un
abismo que lejos de acogerlos, los hace sentir cada vez más pequeños. Mas se
empiezan a asomar, y en ese asomarse encuentran algo, algo que se parece a la
felicidad, algo que se disfraza de confort y al fin, paz.
miércoles, 27 de febrero de 2013
domingo, 17 de febrero de 2013
Realidad mentirosa
La relidad es bella, pero hay algo turbio en esas películas que dibujan una vida perfecta, en los libros que prometen felicidad cuando muestran que uno es feliz cuando hace lo que ama. ¿Pero puede, uno, hacer lo que ama?
Se acuerda de los libros, llama a las escenas, conmemora viejas canciones. Y mientras, la realidad le escupe en la cara.
Qué sos vos de mí, qué soy yo de vos. Digo que no me gusta el amor pero amo el amor, digo que no me gustan las rosas pero amo las rosas. Todos esconden palabras para no intimidarse con la mirada del otro, todos optan por callar antes que cantar. Imposible aguantar la desaprobación, sería rendirse frente al dolor. Nadie cuenta sus sueños, pocos se animan a confesar sus anhelos. Pareciera que son tres los que siguen sus instintos, cuatro los que hacen lo que aman, cinco los que tocan el piano y viven vendiendo choripanes, uno el que le escapa a los billetes y todo el resto, los que corren tras ellos. Pocos los que son felices durmiendo siestas, escuchando música de la buena y leyendo libros de los lindos.
Una cosa es la que se lee en esos libros, lo que se escucha en esas canciones, y otra la que se vive. Día a día, noche a noche. Y en ese día está ese sol, que todo transforma y de alguna manera, todo lo convierte en santo. Y en esa noche está la luna, que guía y llena el cuerpo de un temblor que por tan fuerte, da un poco de miedo. Pero si se deja sentir, entiende que es una caricia.
Sí, el mundo absorto en tus juguetes podrá abandonarte, pero no te dejes abandonar por ese templo que es más sagrado que la esperanza.
No estamos colocados donde termina la tierra. Estamos donde comienza el Cielo. A vivir lo que nos toca pues y entender que si ya estamos acá, estamos acá. Disfrutémoslo juntos, regalemos más amor y escuchemos más a nuestros deseos. Vivamos desde adentro. Respiremos con pasión.
Tal como lo describen esos libros que amamos, y claro, esas películas que prometen amor eterno. Que al fin y al cabo, es la realidad la que supera a la fantasía. Y lo mundano, a la ficción.
martes, 5 de febrero de 2013
Para siempre, amor
Finalmente entendió ese amor que describen los libros que amamos, ese que vemos en las películas que construyen los productores de anteojos grandes y corazones sensibles, que tan secos parecen pero que se derritirían con tan solo una oruga que se transforma en mariposa. Finalmente entendió que dichas cosas existen, que el alma se paraliza no solo cuando se asusta sino también cuando se encuentran, cuando se ven inesperadamente, cuando rozan sus manos bajo la luz del sol. No entendió, lo sintió, esa sensación que le brinda una canción que ama y ahora esa música cobra otro sentido. Compartido todo es mejor, nada le aburre pues nunca está en soledad. O si, y esos momentos en los que se separan se extrañan. Ese sentimiento que trae el verano, y no está hablando de ellos, habla de ellos. Ruta y más ruta que la hace recordar, pero se voltea y ve eso que tanto añora, que ahora duerme y quizás en otra vida no existiría, tal vez en otro mundo sería otro... Como el galopar de los caballos en manada, que pisan fuerte el pasto y no dan zancadas sin dejar rastro en la tierra, así de veloz y así de feroz y así de fuerte e incluso así de imponente la hace sentir. Esto no es una carrera. No importa llegar, importa caminar y caminar lento, a veces sí correr, mas disfrutar de cada paso que se da, del aire que siente cuando se anima a levantar la cabeza, del rugir de las bestias que a veces los rodean y frente a ellas hacer oídos sordos: a las falsas acusaciones que en vano y lamentablemente siempre existirán. Que los dejen ser pues y que los dejen andar a su ritmo, que al fin y al cabo nada los apura. Y si de algo se arrepienten, tienen una vida eterna para hacer lo que no hicieron entonces. Y ahí sí, ahí sí que no hay tiempo alguno que apure.
Prosa
Tierra y polvo levantan las ruedas de una carroza que con tal de
avanzar, nos marea. No mira el camino, hay más kilómetros recorridos y ningún
porvenir muestra el destino. Desiertos áridos y playas secas, ríos sin agua y
lejos de sí, sus huellas. Alguien escondido en lo secreto canta y está conmigo.
Triste y sin lamentos se le pasa la vida pensando en un pasado sin futuro que
no le permite ver a través del humo. Un ciervo abandonado que simboliza la
angustia que en otros tiempos hubiese sido un arcoíris, tal vez, pero hoy es un
vidrio en la garganta y lo transparente lo remite a su iris. Y le duele al
tragar. Amor ayer y amor siempre, y si amor lo fue entonces, amor mañana e
infinitamente. Julio y los sueños, Borges y el Tortoni, yo en una plaza y vos,
tus ojos y un gin tonic. Abandonados en una espera de algo que saben que nunca
va a llegar, se aferran a los recuerdos y se ahogan en un futuro que nada
promete y todo deja atrás. Colores bajo la lluvia, un pájaro y una locura. Que
busca libertad cuando encuentra cuevas y anhela calor cuando siempre nieva.
Falta mucho y sobra más, pero tu olor y sonrisa, ay dulce alma que desconoce lo
prohibido, nunca están de más.
Recuerdos que en la memoria quedan
En vano tratar de resumir lo inresumible, para qué tratar de describir
lo indescriptible, amo las palabras más que los dibujos, las amo de verdad y
encuentro en ellas la belleza del ritmo, la melodía de la prosa. Mas hay
ciertas cosas, determinados momentos y paisajes espectrales que son imposibles
de escribir. Para los paisajes están las fotografías, pero no hay cámara que
grabe los momentos compartidos, las risas vividas, las alegrías ¡sí! eternas,
pues por siempre existirán. Si fue el mejor viaje o no, no lo sabe, si volverán
a vivir semejantes aventuras tampoco (aunque una vida juntas es la que le queda
por delante). Pero piensa y vuelve a pensar, y siempre llega a la misma
conclusión: fue lo único que la simpatizó con el reaggeton, fue lo único que cuando
sonaban dichas canciones se le esbozaba una sonrisa pícara pero sincera. Real.
Canciones que escucha ahora y se transporta a esas camas arenosas y
superpobladas de todo tipo de gente: locales, extranjeras, extranjeros...
Cansadas de salir nunca, y eso sí, como me gusta la noche. Amistades queridas,
amistades amadas, amistades hoy y amistades siempre. Condensadas en un verano
en el que el tiempo para reírse sobra, para mirar el mar se necesitan nada más
que ojos, para disfrutar nada más que ganas y ya que estamos, para vivir como
reinas, comer como reyes, dormir con aire acondicionado y vivir sobre el mar...
a mis amigas. Ahora, si por ser exagerada siento esto, entonces bendita sea la
exageración, esa que hace de un mero atardecer una obra de arte dibujada por
los mismísimos ángeles, que hace de un simple almuerzo un encuentro único en el
que detrás de anécdotas y gritos se esconden almas que buscan amarse y
disfrutar juntas, que transforma un fuego en una razón para agradecer y mirar
al cielo, y ahí entonces, toparnos con un telar de estrellas. Ustedes lectores
y por lectores les digo queridos (¡y les mando un abrazo!) ya sean
protagonistas de esta experiencia o no, al fin y al cabo, les deseo lo mejor, y
ojalá algún día o mes o año puedan disfrutar de algo similar o mejor, y si no
les curran como a nosotras, que puedan alargar su estadía y permanecer allá
para siempre.
lunes, 21 de enero de 2013
Final del fuego
Un
ritual al fuego que nos dice adiós a algo que termina antes, mucho antes de lo
planeado. Arena y mar se fusionan a la par para convertirse en calor, las
llamas convocan a las estrellas que en el abismo de lo imposible acompañan con
su belleza a la luna. Sentimientos desencontrados porque no se quieren ir, no
reproduzcan canciones tristes que así llaman a lo melancólico. Alegría por lo
vivido y miedo por retomar la rutina, esa que nos convierte en títeres de la cotidianidad y del día a día haciendo que prioricemos detalles y olvidemos lo
esencial. Sirve vivir apartados para saber que extrañamos, pero en esta noche
el fuego invita a que se queden. A que sus ojos se pierdan en las chispas que a
su vez se pierden en el aire, abandonando su esencia de luz para convertirse en
átomos de la nada. La mismísima nada, esa que jamás nadie entenderá.
Como la línea del horizonte, como el calor del sol y la música que generan el
fuego y las ramas. En la arena, claro.
Suspira
para no llorar, sonríe al recordar y teme que al volver olviden las verdaderas
alegrías: el volar de una gaviota sobre el Pacífico o por qué no, una canción
en honor al fuego.
Así
empiezan el final del viaje, un cierre perfecto para días que quedan grabados
como sueños en las mentes de cada una. Un lugar llamado Manuel Antonio y
nuevamente se dejan sorprender por lo que vendrá. Un bar y una guitarra, el
rock nacional sigue presente hasta en Costa Rica y mis queridas nos deleitan
con acordes y voces que juegan al recordar.
La
razón de dicho recorrido se amortiza en la compra de una mochila, luego nos
convertimos en pájaros para contemplarlo todo desde arriba: ahora sí, vuelan y
vuelan en serio, cierran los ojos para sentir el aire fresco en la cara, y con
fuerza y decisión sale el sol. El agua vive a 130 metros debajo de ellas,
encierra especies y se tiñe de turquesa. Las islas como manchas bellas decoran
el paisaje, y a la noche recorren los bares. Una aventura que parece efímera,
no es posible tanto. Exaspera la sensación de lo eterno que hay en todo. Ahora
sí, llegó el final.
Llueve
porque el cielo llora y a la Nona se le hace difícil correr con sandalias.
Cansadas de haber visto monos, iguanillas verdes, serpientes, bestias salvajes
¡y es que hay más animales que en la selva! Pero ojo, ahí hay un cangrejo. Cerremos
esto con sonrisas que los recuerdos quedan. La vuelta siempre es dura pero
vamos, nadie nos quita lo bailado.
Adiós
Tere mi amor, pues te has vuelto uno de mis grandes
amores, esos que permanecen ocultos pero latentes, adentro pero visibles.
Querés que se queden porque sin ellas nada es lo mismo. Wow, qué ego, pero qué
más era de esperarse. Mas vamos, seamos sinceros, le dieron un haz de luz a
algo que ya tenía luz propia. Una filosofía de vida que acompaña a los hippies
que viajan en bici, a los wannabe que viajan en cuatri, a los que se creen locales
y es que están equivocados porque hoy las locales son ellas. Llega gente con
valijas al lugar de los buenos cuerpos, al pueblito de los benditos perros, que
a la par de los autos caminan, juegan, se mojan con el mar y en algunos casos
se pelean. Éste es su hábitat para ellos, la playa los acoge con una sonrisa y
ellas caminan a su lado mimetizándose con esas ganas que tienen ellos de vivir
y vivir acá. Nos diste tanto y sos, ay querida sos tanto, y no es la tierra que
se levanta, no es el supermercado del pueblo, no son los bares ni el mar
celeste ni las palmeras paradisíacas ni los atardeceres de otro mundo. Pues de
otro mundo son. Sos vos en todo tu conjunto y en ese conjunto está la gente que
(en redundancia con su frase de cabecera) no quieren hacer más que vivir la
vida pura. Eso es lo que sos y eso es lo que nos llevamos de vos, pero ojo, una
parte nuestra queda acá. Abrazala y cuidala por favor, que algún día si tu mar
y los perros quieren vamos a volver a buscarla y por qué no, cambiarla por otro
pedazo más grande. Bobby me dice baby please stop crying, pero nostalgia y
melancolía se fusionan para hacer un explosivo... y ¡qué mejor que los
recuerdos que dibujan una vida! Que las gaviotas vuelen sobre el Pacífico y las
piedras se queden donde están, ya que las estrellas lo contemplan desde lo alto
y en nuestras mentes ya grabadas están. Eso sí, para siempre, bonita.
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