martes, 5 de septiembre de 2017

El tren

Anoche soñé que me subía a un tren. Por la ventana se veían los paisajes más increíbles: me rodeaban las montañas verdes de Suiza. Es común que sueñe y que me acuerde de los sueños, desde chica que sueño; mi familia ya cansada de escucharlos -es cierto que en algún punto, contar los sueños es divertido para uno pero aburrido para el resto- me pedían que por favor me callara y hablara de otra cosa. Pero no podía. Qué querían que hiciera. A mi no me resultaba natural despertarme habiendo vivido las aventuras más grandes, los momentos más insólitos, por qué habría yo de soñar con bolsitas, con misas, con tal persona que no veía hace años, con tal famoso, con tal situación. Generalmente son pesadillas: al menos los que recuerdo, casi siempre son momentos monstruosos, guerras, muerte, miseria, pobreza, dolor, incendios, pero sobre todo muerte.
A tal punto me impresionan mis sueños que hasta me pregunto si no será esa la vida que en realidad vivo -sí, ya sé, no es un intento de plagio del cuento de Cortázar, es que realmente a veces me lo cuestiono. Pero siempre llego a la misma conclusión: no puede ser, dado que esta vida (en la que escribo este texto y tengo un jean, el pelo mojado por haberme bañado recién, las uñas sin pintar y un sweater gris y medias sin zapatos y demases, en fin, qué importan estos detalles) (ah, sí, hacen a la historia) la cuestión es entonces que esta vida es demasiado REAL.
Vamos, hay demasiadas personas reales, historias reales. No puede ser que todo esto sea producto del sueño de alguien (mío o quizás de otro)... lo que sí es cierto es que la otra vida (la de los sueños, la de las causas imposibles y respuestas sabias) va recobrando cada vez más sentido. Sería esto algo interminable si me pongo a enumerar la serie de "coincidencias", como decide llamarlas la gente, pero no faltará ocasión y de todos modos sería este un texto muy largo y aburrido que nadie querría leer. La cosa es que minuto a minuto vienen rayos de luz de la vida de los sueños (describo un par únicamente para que entiendan de lo que hablo): se repiten momentos que ya viví, veo un dibujo del monstruo con el que soñé, me llama por teléfono la persona con el nombre del autor con el que estoy obsesionada, me despierto habiendo soñado con una canción (pasa mucho) y prendo la radio y está ahí, al "azar". El destino me guiña el ojo cuando más distraída estoy, y yo lo reconozco, freno lo que estoy haciendo y le devuelvo el guiño, sonriéndole. Podría decirse que estoy enamorada de ese estado de complicidad, me gusta esa parte mía que sabe verlo, reconocerlo, abrazarlo y que eso haga despertarme de esta vida. 
Les contaba entonces que anoche soñé que me subía a un tren. Fíjense ustedes que el tiempo verbal que usamos para contar los sueños es el mismo que usamos para contar el argumento de una película, "el caza recompensas liberaba al tipo de los esclavos a cambio de que lo ayudara a encontrar a los buscados, y termina ayudándolo a encontrar al amor de su vida".
El tren estaba vacío, no me acuerdo qué tenía puesto pero mis pies estaban apoyados en la baranda de en frente, esa que sirve para que los que van parados puedan apoyarse. Por la ventana veía todo tipo de cosas, paisajes, personas. Es como si el tren en un viaje hubiera dado una vuelta al mundo y al tiempo: podía ver ríos, mares, selvas, leones, montañas de nieve, personas vestidas con ropas de la edad media, carretas con caballos, aridez, superpoblación. Buenos Aires, Tokyo, desiertos, cowboys. A las familias arrebatadas de sus casas en plena guerra, a Van Gogh, a Truman Capote espiando a alguien. En eso viene al vagón una banda de música y tocan una canción que conozco. Cuando los veo bien, ¡era Pink Floyd! David Gilmour, él mismo. Waters cantaba, no podía verle bien la cara, algo me lo impedía. Alguien me deja una flor al lado de mi asiento pero no le doy importancia. El alma de Syd Barrett sentada en un asiento olvidado de un vagón prohibido del mismo tren. Trato de hablar pero no puedo. Pienso "necesito grabar esto, necesito mostrárselo a alguien", y por un momento mi cabeza sabe que es un sueño. "Con más razón todavía, no quiero perder esto cuando me despierte". Agarré mi teléfono y le saqué varias fotos (disculpen el cambio en la conjugación, es algo que viví, vivía, vivo). Terminan de cantar y se van. Vuelvo a mirar por la ventana y me quedo fija mirando el horizonte. Ahora no había personas, solo verde. Todo verde, todo quieto. Siento paz y sé que no va a durar mucho, pero la disfruto. Siento angustia, no sé por qué. Abro los ojos (los había cerrado como quien se rinde a una causa perdida y algo más) y es de noche. Aparece una especie de dementor en mi ventana, como los de Harry Potter, y cuando miro adentro, el tren estaba lleno de gente. Vendedores ambulantes, chicos pidiendo plata, gente yendo y volviendo de trabajar, mujeres retando a sus hijitos, chicos estudiando, quilombo por todas partes. Truenos. Ruido, música, quejas, gritos, el sonido del tren mismo; y en algún momento de todo eso me "despierto" con el ruido del despertador, paso de vuelta a la otra dimensión. Bajo las escaleras, voy al baño, me siento a desayunar y me acuerdo. Agarro mi teléfono y ahí estaban, una por una, las fotos de Pink Floyd tocando "Brain Damage" en el tren.

lunes, 3 de julio de 2017

A falta de esa luz

Me pasa algo raro cuando leo a Mario Levrero. Me conecto con una parte mía que pensé que había perdido, o quizás que se había dormido. La parte más sincera, la que no puede negar la realidad esencial, escapa de las trivialidades para alcanzar eso que brilla y nos hace brillar. Eso que se pierde con la rutina de todos los días y a lo que deberíamos aferrarnos con más fuerzas: para que no se vaya, para que permanezca latiendo. “He visto a Dios cruzar por la mirada de una puta, hacerme señas con las antenas de una hormiga, hacerse vino en un racimo de uvas olvidado en la parra”. Esos instantes reveladores que todos en algún momento tenemos –aquellos más despiertos seguramente los tengan más seguido- son instantes de luz. Lo cierto es que vivir en un estado permanente de luz es imposible. Pero mientras podamos, corramos los escombros para ver el mundo, dejemos de usar excusas inválidas para caminar juntos, disfrutemos de una tarde de verano en el campo. Este malestar insoportable que siento hoy –porque sé que no te pertenezco, porque pasás por al lado mío y crecen flores marchitas a tu alrededor, porque no te permitís (o quizás no te interesa, no estoy segura) serte sincero- este malestar, decía, me saca las ganas de todo. Soñar no es una apología al delito como vos creés: es vivir –por ahí con demasiada intensidad- pero vivir al fin. Hay una esperanza retorcida en mí aun sabiendo que todo está perdido. Hoy es todo oscuro, hoy no hay luz. Por eso prefiero dejar de escribir y esperar a que nada pase.  

viernes, 20 de enero de 2017

Cenizas

La vida es bella e insólita. Te dejo un aullido silencioso para que al leerlo, sientas que algo brilla. ¿La luz en el fondo del túnel? ¿Existirá? Démosnos una oportunidad en este microsegundo de eternidad (a no ser que el mundo tenga un fin, cuántas preguntas sin respuesta, de vuelta). Nada nos lo prohíbe. En vano este prólogo, la vida no tiene prólogo.

Quizás sea este el único medio -romántico, patético, idiota- de hablar con vos, de contarte un pedazo de mi vida y hacer de cuenta que tomamos un café. Porque me inventaste sin conocerme, creaste una imagen que no era real, hiciste de mí un preconcepto y está mal. Error, deben haber gritado mis pupilas que no saben disimular, error, horror. Con ojos grises me miraste como si habláramos a través de una ventana un poco sucia de barro porque noto que te cuesta identificarme bien, o como si estuvieses lejos de mí, nos separaban las frases que días antes te habrían dicho tus amigos. Amigos. We better talk this over, maybe when we both get sober. ¿Mas ebrios de qué? Si solo las palabras nos nublan la vista, la imposibilidad ridícula de no tenernos, la distancia innecesaria, las estrellas que una a una vuelven al cielo -cuando bien podrían caer, formar lagos de luz- para mostrarme lo que no podré tocar. No pido la luna, no espero el mar. Con una cerveza alcanza. Ba, depende de qué cerveza (suena Almost Famous, esta pequeña historia está llena de intertextualidades). ¡Pero suficiente! Ahora que veo bien, lo encuentro (o empiezo a entender): lo único que te separa de vos mismo sos vos. Abrazá tu cisne negro, bailá, reconocete imperfecto y brillá. La perfección no es sensual. ¿Cuántas veces tiene que mirar un hombre para arriba antes de ver el cielo? La frase de Dylan, circular, no me deja dormir. Si las respuestas vuelan en el viento o las tiene un vagabundo o se esconden en las raíces de un árbol o están acumuladas en un basural, todas las respuestas a las preguntas que le dan vida y nafta al auto que rueda y anda y camina, nadie lo sabrá. A no ser que el que las sepa (tal vez ese vagabundo, tal vez un cajero de un supermercado, tal vez un presidente, un obispo, un campesino) se las guarde para sí y no quiera compartirlas con nosotros, los desolados, los perdidos, los bichitos de luz en plena luz del día, las almas perdidas nadando en una pecera (inevitable la referencia a Pink Floyd, por eso me la permito). Quién sabe. ¿Qué hago escribiendo en primera persona? En fin, este texto, este reclamo, este aullido silencioso, esta sarda de palabras que quizás (probablemente, o mejor, seguramente) jamás serán leídas por su destinatario, son solo huellas de algo que dejó el verano, vidrios rotos, ese polvo del cual venimos. Nada asegura que sean en vano y nadie asegura que no lo sean, escribir no tiene un fin sino el de salvarme o al menos el de sobrevivir. Salvar es una palabra demasiado Grande. He aquí un rastro de mi supervivencia, cenizas quemando en una isla desierta, apagándose resignadas, cansadas de esperar el rescate que nunca llegará. Entregados estamos todos, dejarse morir no es lo mismo que suicidarse, pero tampoco es lo mismo que vivir.

lunes, 9 de enero de 2017

Lagos de luz (o Nuestras ganas de amar)

Disculpen si mis palabras no son claras, últimamente ando un poco confundida.

Las estrellas van cayendo una por una del cielo y se derriten en la tierra, generando lagos de luz en los campos, ríos transparentes como el cristal; los caballos nadan en ellos, las vacas bailan, las ovejas se acuestan y se dejan llevar por la corriente, los chanchos ríen a carcajadas, los pájaros vuelan al raz de la luz, los terneritos y corderitos juegan a agarrar y tragar las estrellas que caen y nosotros contemplamos el espectáculo con lágrimas en los ojos, el alma -antes rota, partida en cien pedacitos, antes desconsolada, antes hundida- se regocija, recupera vida y ánima. Los árboles se mueven de un lado al otro con luces en sus cúpulas, pasaron de ser verdes a plateados, brillan como brillan tus ojos. Te descubro entonces parado al lado mío, agarrándome la mano con fuerza, anonadado, enamorado del mundo. "Dónde estaba toda esta magia", te preguntás -o me preguntás- en voz alta, "dónde estaba yo mientras ocurría todo esto". Sólo hacía falta que abrieras los ojos, te respondo yo. El mar nos empapa y nos dejamos llevar por él, entendiendo que es sólo y precisamente gracias a él que estamos acá. Amamos lo mismo: la sensación de estar vivos, amamos la Tierra, el Mundo, el mismo que nos hizo llorar ayer. Amo desde mis entrañas, desde mi concepción, desde el momento en que a Dios se le ocurrió inventarme, con cada átomo de mi cuerpo: jamás me atrevería a sacarle valor a la palabra Amar, por eso incluso uso la mayúscula. Amo la música que suena a nuestro alrededor, Amo ver las estrellas caer cuando nuestras almas se encuentran, Amo que nos demos una oportunidad. Si después las estrellas vuelven a su lugar y los árboles vuelven a ser verdes, el mundo seguirá siendo bello. Pero al menos por unos instantes nos animamos a verlo extraordinario, como habrá sido pensado para los poetas. Dame la posibilidad de conocer las estrellas derretidas sobre los campos, de escuchar tu música adentro mío, de cantar juntos Is Your Love in Vain? adentro del auto que nos lleva a la playa, a los atardeceres, al amor; a juntos disfrutar del saber vivir -que tan pocos saben- y amarnos hasta ver las vacas nadar en las estrellas desparramadas por la vida.

viernes, 23 de diciembre de 2016

Navidad

El mar era todo lo que hacía falta para llenar los agujeros del alma que venían desgarrándose poco a poco y sin delicadeza por el frío del invierno, y entonces se topa con los ojos que brillan como estrellas, su piel azul, sus ojos sagrados como un cáliz, sus manos blandas y el agua blanca que vuela a través de los años encontrando lo que nunca dejó de buscar: la calma del piano que suena entre los escombros mientras la historia ruge. La música brilla con las letras que escribiría días después, porque esta paz no es habitual: it has the magic in it, como diría aquel fotógrafo beat, bisexual, perseverante en una lucha interna y eterna; la de encontrarse a sí mismo. Pero baja la mirada del sol y descubre de vuelta la razón que no es más que su vocación: la de romperse, entregarse y regalarse por entero. Vos que mirás como nadie mira, desde otro espacio, otro plano tal vez. Todo se consuma en un instante de belleza, y eso hoy le da las fuerzas para creer que el arte tiene valor en sí mismo. Que el arte los va a salvar, por lo menos el alma, como si el alma fuera poco o nada o quién sabe, quizás sea todo. Tendrías que haber venido a verme, todavía hay tiempo. No somos tan viejos como para darnos por vencidos, y si lo fuéramos, quizás así y entonces seríamos libres. Recuerdo tus lágrimas de vidrio cuando dijiste que te dolía el mundo, tus ojos derramaban sangre cortándote la piel y no podías ver que detrás del vidrio había creación, belleza. Basta de angustias, al menos por hoy. Porque la ciudad brilla con las luces que cuelgan de los árboles, las columnas de los edificios históricos disfrazadas de princesas y príncipes hacen una reverencia para recibir a la Navidad que entra triunfante, elegante, bien vestida, con la frente en alto y el corazón lleno de todo. Los villancicos se escuchan desde lejos, vienen del mundo paralelo, vienen a calmar las almas desesperadas, vienen a acariciar a las mentes agotadas de soñar. Dos copas se rozan para brindar por el regalo de estar vivos, por los momentos que vendrán. La familia, los amigos, los recuerdos y todas esas cosas que por fantásticas, seducen a la fantasía y convierten a la realidad en algo casi imposible, poco verídico. Que el luchar por nuestros sueños se convierta en el motor para seguir caminando todos los días; que tus amigas sean tu mundo; que las lágrimas que duelen y cortan como vidrios nos haga entender que sólo nos queda empezar a subir; que el amor que das todos los días sea el sentido de tu existencia; que disfrutar de las cosas pequeñas sea el secreto de la felicidad; que preservar las ganas de vivir y de andar sea lo que nos mantiene jóvenes y vivos; que soñar como un niño nos salve de la tristeza; que abrazar a la familia nos salve de la desdicha; que compartir nos salve de la miseria y que sonreír, salve a una porción de mundo.
Sonriamos más.
Abracemos más.
Amemos más.
Porque al final, el amor que dejamos es lo que va a quedar.
Porque a pesar de esa angustia que muchas veces desgarra el alma, vale la pena vivir.
Feliz Navidad.


domingo, 4 de septiembre de 2016

Descriptivo

La historia es rebuscada, se prostituyó con el tiempo, se inundó de polvo, está gris. Ya no es blanca, ya no es negra, es una especie de limbo que cuesta identificar. El origen radica en que fueron estratégicamente –o no tanto, quizás fue al azar- colocados en este Universo de mares y preguntas y misterios, y están haciendo malabares para no tropezar, caminan y se tambalean por una cuerda que juega con el abismo, una torre que escapa de un precipicio: la existencia misma. Cómo esperar que entre ellos dos no existan las inquietudes si el mundo está ocupado con cosas tanto más importantes: hambre, guerras, miseria, mundos, etcétera, etcétera, etcétera. Se olvidó de ellos. Ellos mismos se olvidaron de que las cosas deberían ser más simples, las palabras deberían ser más llanas, las caricias más directas. Vayan al punto, vamos, que las almas dejen de colisionar como los planetas que no se corresponden uno al otro. You fuck me. La sensualidad siempre existió, son una especie de imanes, dependientes de una droga que no se puede dejar. Si se ven se besan. Se conquistaron, el verano los juntó, la música los hizo bailar y con ellos giró también la luna (siempre llena), como si se hubiese dado todo por una dulce y cínica vuelta del destino. You snub me. Se dieron la espalda, se rechazaron sin razón, el miedo los paralizó, no saben por dónde caminan, mejor evitar la confusión, mejor evitar las causas perdidas (el amor es una de ellas). Si estaban bien, ¿para qué adentrarse en terrenos desconocidos? “Sólo de la experiencia nos enriquecemos” recordás, pero preferís no escucharte. Tales son las ganas de no arruinar tus domingos de soledad, tus cafés de las mañanas, tus salidas. You love me. Ahí es cuando todo recobra sentido, parecería que finalmente se dan una oportunidad, finalmente el mundo está de su lado. Los mensajes son transparentes, la intención es clara. Quieren pasar el rato, sin adornos, sin ponerle nombre alguno, sin proyectar ni pensar en un mañana. Están bien, se sienten cerca. You hate me. Todo en vano, nadie entiende nada. You show me a sensitive side. Como todos, hay momentos en los que deciden darse por vencidos, entregarse a ese precipicio, que sea lo que tenga que ser. ¿No son personas acaso? Animales con razón y sentimientos, el que está libre de pecado que tire la primera piedra. Todos han de sentir, de caer bajo las trampas de la vida, de reconocerse débiles y simplemente llorar, abrirse al otro, encontrarse y resguardarse en el abrazo del viento, que a pesar de todo, les dice que un Ser Superior está con ellos acompañándolos en vela. Then you turn into a total asshole. Ese costado digno de un análisis profundo, de una terapia exhaustiva, botellas de vino tinto tiradas en las bocacalles de Buenos Aires la triste, todas echadas a perder, pues tratar de comprender sus actitudes es como esperar que llueva agua y que no se moje la tierra; si se lo mira bien parece incluso un pájaro asustado, cobarde, un tipo que se reconoce incapaz de hablar por sí mismo o por cualquier otro. Que sucumban las tierras si se anima a decir la verdad, esa que todos temen escuchar. Porque es la verdad lo único que los puede salvar de la tragedia contra la que tanto pelean. Is this a pretty acurate description of our relationship*.

*Cita de Fight Club.

domingo, 10 de julio de 2016

Andar

Cuando nos conocimos no había expectativas, no había esperanza, no había ilusiones ni amor ni cariño ni recuerdos ni abrazos ni una botella de vino vacía. Cuando nos conocimos no había noches en común, no había playa compartida, no había besos. No había riesgos ni algo que perder. Solo había vida por vivir ahí esperándonos, había lunas, noches, un verano por delante esperando ser vivido, bailado. Pero los días pasaron, se convirtieron en un pedazo de nuestras vidas y como todo, lo poco que había se corrompió. Bien por mí, bien por vos, porque empiezo a creer que en esta vida todo tiene un fin y me acostumbré a la idea, tanto que ya no me molesta o aunque sea poco duele. Poco, lo suficiente como para seguir viviendo como si nada, en pedacitos de piedra nos hemos convertido. Si es que todo hubiera terminado ahí, donde debía terminar. Pero uno quiere entender lo que el corazón ni siquiera entiende, y me quisiste explicar cosas que yo bien sabía, solo para entenderte mejor a vos mismo. Nadie nos obliga a amar, a estudiar, a trabajar, a actuar correctamente, a vivir con conciencia. Nadie nos obliga a ser fieles, honestos, generosos, buenos, amables, gentiles. Podés ser muchas cosas, a mí especialmente me gusta cuando cantás o cuando dormís. Cuando manejás por el campo y el sol te pega en las manos, mientras fumás y me sonreís, porque la ruta te hizo acordar que estaba al lado tuyo. Pero no es digno no saber a dónde ir o qué decir. Probablemente cuando nos demos cuenta de esas cosas, se habrán ido los años.
Compañero, amigo fiel, hermano, desconocido, durmiente: despertá, esta es la vida. ¿La luz en el fondo del túnel? No sé siquiera si existe, tal vez haya solo mierda al final del camino. Pero somos libres hoy de decidir y vivir de acuerdo a nuestros sueños, anhelos, equivocaciones; tantos caminos errados debemos de agarrar. Porque no hay expectativas. Solo nos conocemos, solo estamos vos y yo, solo sos vos y tu verdad, vos y vos mismo. Punto final. Nadie que nos juzgue, ni siquiera yo ni siquiera ellos. Nadie que te critique, nadie que te desprecie.
Es insólito que con tanta seguridad me expliques cómo me ilusioné con algo –solo me ilusioné con mundos paralelos, solo viví- cuando sos vos quien reanima con sus palabras una historia. Yo solo fui amable a través de las estrellas, ingenua con el sol, espontánea con la música. Al menos mis ganas no se quedaron apretadas contra el sillón que nos hizo eternos, al menos no uso máscaras ni me escapo del mundo, a no ser que se trate del fantástico, entonces nos ponemos las alas y vamos todos allá.


Salí a vivir sin ellos, sin mí: hay una ruta que te espera, una vida que te clama, un árbol que te sueña, algún amor lejano que te querrá. Mientras tanto, cada uno es lo que cada uno tiene. El piano seguirá sonando adentro nuestro, pero para hacerlo sonar hay que andar, andar con ganas, con pasión, con razones, aunque las razones sean las meras –y ya prostituidas, gastadas, agobiadas pero sinceras- ganas de andar.