jueves, 30 de agosto de 2018

TOM WAITS, BAJO LA INFLUENCIA DE CHARLES BUKOWSKI


Mantente alerta / hay salidas / hay una luz en algún lugar / puede que no sea mucha luz pero / vence a la oscuridad. La voz ronca de Tom Waits recita el poema de Charles Bukowski“The Laughing Heart”

Palabras que lo inspirarían a escribir sus propias canciones ásperas, que gracias a la experimentación con diversos instrumentos, deambularon por más de un estilo musical: el blues, el jazz, el vodevil. El músico, compositor de bandas sonoras y actor, edificó su obra inspirándose en sus maestros: Bob DylanJack KerouacLouis Armstrong y el –hoy agasajado- Henry Charles Bukowski, quien afirma en una de sus novelas, “hubo un poco de música; la vida parecía entonces un poco más agradable, mejor”.
Símbolo del “realismo sucio” –porque a través de sus ojos la vida era sucia, oscura, cínica- Charles Bukowski cesó de existir hace ya 23 años, abandonó la vida –para él sinónimo de problemas- para empezar a respirar en paz. Poeta, escritor, inspiración para tantos otros que vendrán, y con frecuencia asociado (por error) a los autores de la generación beat, Bukowski le dejó letras al mundo que por verdaderas, se arraigan a la tierra, a todos aquellos que no temen ver la realidad tal cual es, por más lúgubre y deprimente que ésta sea.
Bukowski dibuja el sentido de la vida –o la falta del mismo- en situaciones cotidianas, conversaciones con extraños, momentos insólitos de la vida de cualquier hombre. En conversaciones telefónicas con una prostituta, en una discusión con un barman, en el empeño que pone un detective buscando algo que no existe, en el vínculo entre un alumno y una profesora, en una caminata con el chico más lastimado del colegio, en los golpes de un padre a un hijo, en el silencio de su madre, en un encuentro sexual. O en frases que deambulan entre el humor y la tragedia: “No era mi día. Ni mi semana, ni mi mes, ni mi año. Ni mi vida”.
Nacido en Alemania pero criado en Los Angeles (ciudad en donde Tom Waits empezó a tocar tras servir en la Guardia Costera de Estados Unidos), Bukowski trabajó en una oficina de correo y comenzó a escribir para diversas revistas y diarios de la zona. A los 49 años, recibió una propuesta: “Tengo dos opciones, permanecer en la oficina de correos y volverme loco… o quedarme fuera y jugar a ser escritor y morirme de hambre. He decidido morir de hambre”. Nada es en vano.
Las críticas negativas lo acusaron de exhibicionista literario, pero hoy es considerado uno de los autores más influyentes y una de las luces más brillantes de la literatura independiente. La auto-referencia es uno de los recursos más utilizados en su obra (junto con la aspereza, el descaro y todas esas cosas oscuras). Henry Chinaski, su alter ego, es el protagonista de las novelas Post Office –en español Cartero, oficio que el mismo Bukowski ocupó-, Ham on Rye –en español La Senda del Perdedor, novela que se identificó con el clásico de Salinger, A Catcher in the Rye, y que retrata sin compasión su infancia y su adolescencia, escupe burlas al trabajo, a la política y a tantas otras causas perdidas-, HollywoodFactotum y Women.
Por otro lado, Small Change, el cuarto álbum de Waits publicado en 1976, es el reflejo de lo que bien podría haber sido una novela de Bukowski: en sus canciones recita un estilo de vida pesimista, deprimente, cínico, sin dejar de lado el humor y la ironía. Canciones como “The Piano Has Been Drinking (Not Me) (An Evening with Pete King)” y “Bad Liver and a Broken Heart (In Lowell)”, hablan del alcoholismo y la desolación que sufría, condición que repercutió física y mentalmente en él. “Estuve enfermo todo ese periodo”, cuenta Waits. “Estuve viajando mucho, viviendo en hoteles, comiendo mala comida, bebiendo mucho… demasiado. Hay un estilo de vida que está antes de que tú llegues y te introducen en él. Es inevitable”.
Ambos artistas encontraron en el alcohol un escape, una vía para no sentir, para evitar por un rato la tragedia de estar vivos. La obra de Bukowski rechaza el sentido de las cosas y él mismo admite que no le gusta la gente: “Me gusto yo mismo”, dice, “hay algo mal en mí. No sé lo que es, pero no voy a tratar de curarlo”. Si eso que tenía –o eso que le faltaba- fue la causa de la magnitud de su obra, nunca se sabrá. Lo cierto es que no hay mal que por bien no venga. Que descanse en paz ahora, porque la espera insoportable de la que habla en Pulp, su última obra publicada en 1994 justo antes de su muerte, para Bukowski ya acabó.
Esperamos y esperamos. Todos. ¿No sabría el psiquiatra que esperar es una de las cosas que vuelve loca a la gente? La gente espera toda su vida. Esperan vivir, esperan morir. Esperan en la cola para comprar papel higiénico. Esperan en la cola para recibir dinero. Y si no tienes dinero, esperas en colas más largas. Esperas para dormirte y esperas para despertarte. Esperas para casarte y esperas para divorciarte. Esperas que llueva, esperas que deje de llover. Esperas para comer y esperas para volver a comer. Esperas en la consulta del loquero con un montón de anormales y te preguntas si serás uno de ellos”.
Pulp, 1994.


EL REFLEJO DE BORGES EN EL ROCK: SU ENCUENTRO CON MICK JAGGER Y LA LOCURA POR PINK FLOYD


En ese punto algo imprevisible ocurrió. Desde un rincón el viejo gaucho estático le tiró una daga desnuda que vino a caer a sus pies. ‘No hubieran permitido en el sanatorio que me pasaran estas cosas’, pensó. Y sintió dos cosas”, lee Mick Jagger – o Turner, el personaje que enfunda en la película Performance (1970)– con un inglés inconfundible, limpio, modulando cada frase y haciendo énfasis en cada sílaba. Es que al hablar está citando el final de “El Sur” de Jorge Luis Borges.
El pasaje que lee Jagger en la película dirigida por Donald Cammell Nicolas Roeg es solamente una de las intertextualidades presentes en el film. Toda la historia, sumida en imágenes psicodélicas de sexo, droga, violencia y música, es una referencia a la ironía, la cuestión del existencialismo y la incapacidad que tiene el ser humano de enfrentarse a la realidad; elementos que se repiten en los libros y cuentos de Borges. “Nada es verdadero, todo está permitido”, dice Jagger en la película. Frase que bien podría sintetizar la colección de Ficciones.
A la realidad le gustan las simetrías y los leves anacronismos [“El Sur”]: cuando en Performance Chas (James Fox) le dispara a Turner (Mick Jagger), aparece la imagen del escritor argentino junto a un espejo que se rompe. Esto está estrechamente vinculado a la muerte del director Donald Cammell: su mujer -China Cammel, colaboradora de sus trabajos- cuenta que, tras suicidarse de un tiro, el dramático escocés (perseguido por la muerte y el suicidio hacía ya muchos años) agonizó durante 45 minutos. Fue entonces cuando le pidió a su mujer que le alcanzase un espejo y al verse reflejado, le preguntó: “¿Lo ves a Borges?”
La película predijo lo que el destino quizás ya había escrito, pues el mito cuenta que Jagger y Borges se encontraron años después en el lobby de un hotel en Madrid. Los astros se habrían alineado y entonces, lo imprevisible habría ocurrido:
 
—Maestro, yo lo admiro, yo he leído toda su obra —le dijo Mick Jagger arrodillándose y tomándole la mano al reconocer al ya ciego Jorge Luis Borges.
— ¿Quién es usted señor?
—Mick Jagger —contestó el joven.
—Ahhh —dijo con asombro, e inclinándose hacia atrás agregó—: El cantante de los Rolling Stones.
El músico casi cae desmayado y pregunta:
—Pero maestro, ¿usted sabe quién soy?
—Claro, yo conozco casi toda su obra —respondió.
 
Cuando se filmó The Wall fuimos a verla tantas veces que Borges se sabía las letras de memoria”, cuenta Maria Kodama -exalumna y mujer- en una entrevista de canal encuentro. “En lugar de ponerle happy birthday para su cumpleaños, él quería que le pusiéramos The Wall de Pink Floyd”, agrega la escritora.
Los cuentos de Borges y las letras de Pink Floyd desafían al absurdo, a la realidad. El arte permite lo que por naturaleza, la razón rechaza. ¿Pero qué es la razón? En “El Sur”, ¿los hechos suceden en el hospital, donde Dahlmann está expuesto a tratamientos dolorosos e insoportables, donde se odia a sí mismo y odia a todos? ¿O transcurre en el Sur, donde tiene el casco de una estancia, heredado de su abuelo materno, aquel Francisco Flores -del 2 de infantería de línea- donde la habría gustado vivir y morir?
La historia congelará estas preguntas y Jorge Luis Borges siempre existirá junto a sus paseos por la ciudad. Buenos Aires la fría, la dulce, la suave, la romántica, tanguera, poeta. Los personajes viven, las historias caminan y su legado permanecerá intacto, inmóvil, quieto. “La única actuación que lo logra, que verdaderamente lo logra, es aquella que alcanza la locura”, dice Mick Jagger en Performance. La obra de Borges no solo la alcanzó, más bien la consumó, la hizo propia, la hizo suya.
 


miércoles, 29 de agosto de 2018

The first time I climbed a tree

I will never forget the first time I climbed a tree. It was that summer of '98, the same one I got my dog Max and discovered the stars. I can actually remember quite a lot about that specific summer: Dad was working at a post office, Mom was a bartender in Turner's Bar, and I was glad I had so much time to spend out doors, hanging out with my friend Sarah who lived next to us. We used to go downtown together, to beg for some free ice cream (this young girl Molly had this little food truck beside the beach that sold cookies and ice cream) and hopefully, if the weather would allow it, we’d get into the sea and swim. After that we would dry in the sun, run back home and just be.

I can remember so badly wanting a bike, I guess every kid in town had one and it would be way better to travel from one place to another in one rather than walking or running. But it's too expensive, Mom would say. So I dreamed in vain, it's not like you can control those kinds of things anyway. We were just kids. 7 years old, enough to be wise for the important stuff, not enough to be aware of how fragile everything was. Nothing at all was perfect, yet at the same time, in a kind of way it really was. I remember my parents being in love with each other, I remember having 20p once in a while with which I'd proudly buy Sarah a chocolate, I remember the feeling of finally getting into the cold sea and floating, I remember saying hello to Mrs. Simpson next door every morning while she watered her plants, I remember every single detail of the way from home to downtown. I remember Mr. Kennedy lecturing me about how I had to read more and play less. I remember, God I remember that morning taking a different way to town. Sarah stopped at this huge tree and challenged me to climb it. If you are as brave as you say so, just do it, she'd say. I said of course I would, I wasn't afraid at all, and I would certainly do so.

So I decided I would climb it.

He was so grand, I felt so immensely small. His wide, old, dry, wise, brown, wrinkled trunk stood beside me. It really looked as if he was saying to me “come on boy, dare”. Not exactly encouraging me to do so, but in a malicious way, as if saying “if you do dare, I'll just move two inches to the right so that you can't get to my thickest branches”, or better, “I'll just move from one side to another with the wind, and that my dear friend, will definitely make you fall”. I turned around and saw Sarah there, just waiting. She was so beautiful and sassy.

So I began to climb it.

First I made sure my trainers were properly tied, I didn't want to slip over some rotten branch and lose one of my shoes. I needed to be steady, I needed to feel safe. Then I dried my sweaty hands on my shirt, it was a very hot summer and you would easily sweat, even the kids. So when I felt comfortable enough, I stepped onto one of the biggest roots. I managed to reach one high branch with my arm, and with a quick jump I could start climbing higher and higher. I had to be very precise, the right step at the right moment, otherwise I would fall. I mean come on, the girl of my dreams was watching. As I rose, I felt this weird and nice anxiety inside me, my heartbeats became faster and at every beat I took a quick short breath.

I wouldn't stop. I would reach the top, I would reach the stars, I would look down at my girl from the highest sight I would ever get to. And at one point, now that I think about it (of course I didn't realize it then), the climbing ceased to be about Sarah. I had to prove something to myself, I really wanted to be brave, I wanted to feel the rhythm of life, one step, one hand, one grab, one glance, one step, one hand, one grab, one glance, another glance, a heartbeat, another step, one beat, one branch, one ray of sun, one huge trunk, one tree, one boy, the sky, one step, the sun, one step, the stars. It was all about the rhythm, it was all about the maths. Everything had to be neat, everything had to be perfect. I couldn't lose control, even when things would suddenly turn upside down: the sky became the grass, the leaves became the sun, the trunk became myself. Deep breaths, deep thoughts, I had to recover from the dizziness, I had to compose myself, see things clearly, get things right, one step, one hand, one grab, one glance. And suddenly the fear of falling, the fear of shame was fatal and-

Stop.

I realized I had to block my mind for once and be free. Follow you gut, just for once. You've always been this scared kid, always ahead of your time, worrying about things you shouldn't, always aware of your mom's opinion, always making sure you didn't disappoint your dad. Just wander unethered, discover, experience, dance, smile. You should be enjoying this for Christ's sake! You're climbing a tree! The most beautiful of all trees, not a malicious one but the kindest tree of all. How on earth would he want you to fall? On the contrary, he's moving with you, making sure you get your steps right, tilting towards your restless feet, enjoying with you, dancing together in the most gracious sunny day.

And so it was it.

We both became one.

Years later I would climb that tree again, many other trees as well, but I never got to feel the same.

Our bodies emerged together. Dear Merciful Tree, your Beauty remains untouchable, you are still unique. You made me feel alive. Jubilant. Young. I kept on climbing and I reached the top. I could feel the power of gravity, I could feel the sun getting hotter, I could see my dear friend not caring at all, I could see my home, I could see the sea, I could see a bigger piece of the world, I could see a bigger piece of myself. That tree loved me there and then.

Paddyland

Sh, be quiet, everybody here is either a psycho or a robot or a serial killer. Look at that guy over there, walking alongside the river. Ps, no, honey be low key, I don’t want to get myself killed. There. Do you see him? Notice his red eye glasses. Who the hell wears red eye glasses? You know the rule? Either you are a rockstar or a hipster or a fashion designer. Or... a robot. Ok, I’m gonna give this guy the benefit of the doubt. He may be a musician. Khaki pants, brown timberland shoes, white shirt and... red eye glasses? Ok, ok, I’m not panicking, it’s just that... yeah, let’s hold hands.

There, see the sign? “We want to own our lives”, see the picture of the man fighting a robot over his bagel? They will. Someday, they will take over us and everything around us.

Ok baby, ok, fine... it’s just that I can’t control these feelings. I never been in this town before. Ever since I was born, Paddyland has always been a joke for me. I remember this radio podcast every morning at 8 am when I went to school, my Father listened to it and laughed his head off. “GOOOOOOD MORNING PADDYLAND!” the guy would say, and there were all these characters who lived there.

The pink monkey, the posh lady who always complained about her tea being cold, the 10 year old homeless obsessed with Dickens, the Mexican man who sold magic apples (no one but him knew what they could do), the Irish man who smoked Gitanes, the policeman that carried flowers from one city department to another, this detective who didn’t give a shit about his cases and was crazy about Nick Cave, this serial killer who everyone knew about and didn’t give a damn, and the freaking robots! You must have heard about the red eye glasses robots baby, ugh. Freaks.

But anyway, until today I didn’t even know this place existed for real. I’ve been living in London for 30 years, Christ, my entire life. Never heard of Paddyland being reffered to as a real town, not until this cousin of yours invited us over. Was it really necessary? Having to go through all this I mean. First the train's delay, then the train derailed, and then, why on earth would they say Paddyland is a station -on the screens I mean, you saw it too- and when we get in it, it’s not a stop anymore? I don’t get this honey, it’s just weird. There’s something about this place... you saw the taxi driver.

“Paddyland: the city where nothing ever happens”. Who would come up with an advertisement like that?

God. This breeze is nice though. I could use some fresh air for a change. It's not like I don't like the city, you know I wouldn't dare live nowhere else. But you can get a bit tired of it, right? You know what I mean? Green landscapes once in a while can't hurt you. There, see? Look at that little bird drinking water from the river, adorable. Wow he flies fast. Oh, looks like he's coming over here... shit, watch out! What the hell? Hey, get out! He's trying to steal our map for Christ's sake! Mind you own business little bastard! Baby no, hold on to the map, we can't afford to get lost again. There, fly away you, back to the river, back to your freaking water. Adorable my ass.

Let's get back to our thing, we need to get this done. So we are on the right side of the river, and this house apparently is on the left side of it. But why -from what it looks here at least- why should we not cross the river? This is such a tiny town and yet it's so hard to understand how it works. Baby, how come are you so ok with all of this? We've been here for almost two hours, in a thirty-block-crazy-freaking-town with black little birds trying to steal our map -which I'm starting to believe is useless anyway- and this flowing (probably enchanted) green river doesn't make any sense. At all. Screw this, I'm asking for help.

Let's get in this store. “Paddy's pocket watch repair masters. We'll sort it. Come in and just WATCH”. Jesus.

Hi sir, good morning.

Hello there mates!

We are trying to get here, see? This house over here, just a block away from the river. Do you know what's the most convenient way to go?

Let me see... mhhmm... I'm not sure you want to get this road, it's bloody dangerous. This one... neither. Oh, this one! Yes, so you want to take this street to the right, then make two steps backwards and turn right again, you will walk right under this plane that's getting here right now, then you want to look down and mind this cliff over here, then you'll find this big tree, walk around it for about three complete circles, you can take an apple! They are delicious and special. I'm afraid you will have to swim this little bit, I hope you don't mind getting wet, but don't worry because as soon as you get off the river there's a sandy sunny beach where you can chill and dry yourselves. You'll walk past a little tiny jungle and  then, just a couple of miles away, you'll see your cousin's house. It's not as hard as it sounds! Believe me.

They both looked at each other, confused. They left the store and it looked as if a hard rain was gonna fall.

Baby, she said pointing to a tree, look. It’s a pink monkey.

domingo, 25 de marzo de 2018

La mirada de un perro

Vayamos más hondo, donde nuestros pies no toquen la arena, donde el agua cubra todos nuestros cuerpos, donde nos animemos a ser nosotros mismos, donde nada importe ya, donde juntos seamos una misma luz, donde todo el resto de la galaxia no exista y ya consumados, completos, libres, nos animemos a darnos por vencidos y finalmente  morir. Volvamos al viento frío del domingo de invierno, al sol que quema en el mediodía de otoño, a los libros frente a la chimenea donde queman tus pies contra los míos. Volvamos a transpirar de nervios, a tomar esa sopa, ese café negro, rocío de verano, mística de noche estrellada, cálido como un amanecer. Sentir la gracia de estar vivos, ver la ironía que hay en todo sin entenderla, pues quien diga que no hay cierto cinismo en todo será porque no abre sus ojos, no escucha el zumbido semi silencioso que hay del otro lado de las cosas -¿o será un suspiro de amor después de todo?¿Dios suplicándole a los hombres que dejen de matarse entre sí? Quizás es Dios llorando viendo a los que lloran en silencio, a los que están solos, a los que tienen miedo, a las millones de vidas que se le escaparon de las manos, a los que pasan hambre y sed, a los que tienen frío, a los que buscan el mal, a los que planean las guerras, a los que sacrifican a sus hermanos, hijos, a los que torturaron y asesinaron, a los millones que murieron sin haber conocido la felicidad, sin haber sido siquiera hora de que murieran, LLO RAN DO viendo cómo esto que se suponía que debía ser la obra del amor más grande es ahora una selva… el zumbido está y vaya uno a saber qué es. Uno, sin embargo, se queda con los domingos de sol y café. Uno trata de encontrar la belleza en esto de estar vivos, buscando desesperadamente la manera de ¿sobrevivir a la barbarie? Que es cierto, no sabemos dónde estaremos parados mañana, pero este rato bajo el sol y en familia lo valió; que más allá del cinismo y las dudas y las muertes y las injusticias que nos rodean hay algo que late; a veces en las hojas verdes de los árboles, a veces en la mirada de un perro, a veces en la espuma del mar. Pero son esos segundos los que nos dicen que sigamos a pesar de todo, que los millones de bebés que murieron en las guerras son ahora ángeles que bailan en las nubes y se abrazan al amor -que tiene forma y color y nombre y cara- es esa mirada en ese perro que si lo mira bien, hasta le sonríe, y hasta parecería que le dice “sí, creeme, todo esto tiene un sentido y algún día lo vas a entender”. Uno en la vida camina con los ojos cerrados, y las mil millones de distracciones no permiten que nos topemos con esos ojos reveladores, esas hojas verdes que nos están hablando, esa espuma que nos susurra. Que nos baña, nos abraza, nos vuelve uno y nos da vueltas mientras el sol se pone allá lejos y nada es coincidencia. Quema el agua, nos acordamos del fuego de la chimenea, del sabor de la sopa, nuestros pies se vuelven a juntar, y por un segundo entendemos algo, y somos casi tan sabios como el perro.

lunes, 12 de marzo de 2018

Ballenas


Las ballenas vuelven al mar para morir en paz. Nadie entiende por qué habían escapado, como exiliadas, trepando por los acantilados, sangrando, sufriendo, arrastrándose como podían con sus aletas. Pero la tarde empieza a asomarse, el sol baja, la luz del cielo se va y alguna que otra estrella aparece clara, tímida, grande. Blancas y negras, otras más negras que blancas, ruedan barranca abajo y tropiezan contra otras, empujando a su vez a las que se van encontrando en el camino, y uno siente paz al ver que finalmente llegan al agua, que lava la sangre y cura las heridas. La sal cicatrizará los golpes. Parecería que aquellas que ya llegaron al agua alientan a las que todavía siguen allá arriba, en las piedras. Se escucha alguna especie de aullido de dolor, y de aliento, o de una madre llamando a su ballena bebé. Quién sabe. Lo cierto es que en eso el mar calmo comienza a subir. Esto les facilita la tarea a las ballenas que con tanta dificultad y dolor intentan llegar a su hábitat. Hay unas más débiles que parecieran haberse dado por vencidas y se quedan en sus lugares, empacadas, esperando que suceda algún milagro. Pero empiezan a darse cuenta de lo que está pasando; hay algo de humano en todas ellas, seres inteligentes que buscan sobrevivir y ayudarse entre ellas. Ven entonces cómo el agua sube y se lleva con ella a cada una. Se lanzan a nadar con energía, toda la costra seca que tenían en el lomo se hidrata enseguida y nadan, nadan por todos lados. Ya casi no queda ninguna ballena perdida en las piedras. El sol ya tocó el mar (o eso parece, debido a la forma redonda de la Tierra – ¿o debería llamarse Mar?) y un reflejo dorado baña la inmensidad, delatando algunas ballenas allá a lo lejos, que saltan y largan agua. Finalmente ya no queda ninguna en los acantilados y el agua vuelve a bajar, habiendo cumplido su función; y ahora todas ellas pueden morir donde nacieron.

La imagen remite al Apocalipsis, dolor, sufrimiento y entonces, un baño de sanación y paz. Recuerda entonces la ciudad en la que nació, y entiende que existe en una realidad paralela a la de hoy. A veces es necesario viajar con los ojos cerrados para contemplar la belleza que está viva en cada rincón. Solo hace falta estar alertas y verla. Porque es cierto que el Infierno está vacío y que en la Tierra viven los demonios, pero en lo más profundo y sincero de la naturaleza del ser humano -y la naturaleza misma- existe la bondad. 

miércoles, 7 de febrero de 2018

Momento luminoso le hace frente a la vida

Busco tus ojos, rocío de invierno, nieve de agosto, emanan luz caliente, calor joven. Busco tus manos que con la luna azul y esponjosa también me buscan a mí a través de la noche larga y ancha y pesada. Que vos también me querés abrazar, que yo te vengo buscando hace años luz, que vos sos digno de algo mejor que esa soledad de a dos. La luna viene para quedarse, el eclipse mágico es una ilusión óptica, porque no hay luna, no hay azul, no hay rojo: es todo negro. Negras las aguas que nos separan, las fuerzas que hacen presión para que no nos veamos, negro tu humor. Me arde tu recuerdo en los ojos. ¡Allá va, lento y cojo, un momento luminoso! Herido tras las guerras, habiendo sobrevivido a la barbarie, habiendo sido devorado por las bestias hambrientas, salvajes. Fieras sin piedad son la lujuria, la plata, la rutina. Pero el momento luminoso se arrastra haciéndole frente a las batallas más perversas. Es pequeño y parece indefenso, pero levanta la cabeza y camina, sigue nomás, a paso lento pero firme, haciéndose notar. Llega finalmente a la puerta marrón, le duele cada centímetro de su recuerdo; pero el presente es ameno. Toca la madera con dos golpecitos haciéndola sonar, y luego de unos segundos aparezco yo, cansada, gris. Al verlo me emociono y lo abrazo sin pudor. El tacto es reconfortante y me alivia los huesos. Todo en mí se estremece, todo toma claridad; incluso sentido. Ahora vivo. Qué sensación tan rara y perfecta. El momento orgulloso baila, ambos nos hacemos uno tratando de congelarlo y que esto sea más que un mero instante (quizás el mejor de todos) y que esta revelación recobre forma, materia, color. Nada puede hacer que esto se destruya: ni el pensamiento de que todo es efímero, ni que en unos segundos esto va a ser solo memoria, ni los miedos, ni las bestias, ni las fieras, ni la tragedia ni el mundo. Hasta que todo eso llega, ¡todo junto! y me inunda; y ahoga al diminuto momentito de luz y se lo lleva con el viento, es muy chiquito para luchar contra la corriente, lo veo irse, lo veo pelear, lo veo luchar, lo veo llorar, lo veo sangrar y perecer, lo veo desmayarse, lo veo morir.