viernes, 4 de diciembre de 2015

Serie de sueños - 1

Vuelvo a casa manejando, estoy en Márquez y Segundo Fernández. Me meto en una calle oscura y de tierra. Corriendo en frente y viniendo hacia mí aparece un tipo africano que me mira y me persigue. Me vuelvo hacia atrás y veo el auto apagado y con todas las puertas abiertas, yo, parada en el piso. Me siento desprotegida y el tipo sigue corriendo, me va a alcanzar. Pero ahora estoy arriba de un caballo, y aunque trata, el hombre no es lo suficientemente alto como para llegar a agarrarme. Lo veo a Chongui caminando y dando vueltas alrededor nuestro en medio de la oscuridad. Pero claramente ahora estoy arriba de Chongui, como si fuese un caballo. O bien él es el caballo con forma de perro. Pasan los minutos, el tipo sigue tratando pero no me agarra, estamos en un descampado en el medio de la nada. Tengo miedo y quiero llegar a casa, pero por lo menos Chon está conmigo.
En eso la noche se convierte en día, y en ese mismo descampado se lleva a cabo un festival. Bandas, música, sol, cerveza y mucha gente. Pauli me dice que quiere droga. “Andá al baño, ahí va a haber un paquete, agarralo y dejá en su lugar $20”, me dice. Entonces me dirijo al baño que era un cubículo blanco en medio del polvo. Agarro la bolsita y dejo un billete de veinte. Me muevo nerviosa y descubro las patas de un gallo gigante (tenía el tamaño de una persona) del otro lado de la puerta, había plumas que lo rodeaban y vestían sus pies. Sé que me está observando. Me da miedo tener la droga encima, entonces cuando salgo se la doy a Pauli. Viene un policía, nos revisa a todos y aunque no había rastros de droga en mis bolsillos, me declara culpable por ser parte del intercambio. 
Hablando de cosas siniestras que ocurren en los baños, ahora estoy dentro de otro, un poco más sucio que el del festival. Esta vez estoy acompañada por alguien, y nos dan la misión de matar a todos los que están afuera. Nos dan armas, pero al costado del inodoro encontramos dos ametralladoras. No disparan con tanta fuerza como pensábamos, el ruido es bajo y la potencia es pobre. Pero decidimos abrir la puerta y disparamos, sin embargo, los tipos no se mueren. Mi compañero me traiciona, me dispara, caigo al piso. Abro los ojos, veo nublado pero está clarísimo que detrás de la pistola que me quiso matar está Pato. Me duele el cuerpo, sobretodo la espalda. Todos se van, me quedo sola ahí tirada. Hay sangre a mi alrededor y aunque rezo para que suceda, no logro morir. 
Vuelvo a cerrar los ojos y cuando los abro, veo montañas de pasto, un cielo azul, belleza infinita. ¿Será el Cielo? ¿Habré muerto al fin? Los caballos se pasean y galopan, los perros juegan con los gatos y se anuncia que Michael va a dar la charla de capacitación de fiscales. Se respira paz. “Qué ganas de vivir así”, pienso. Mechi, sentada en el pasto, en vez de hacer la capacitación practica para una prueba de matemática.
Ahora el caballo corre con tanta perfección, si tan solo pudieras verlo. Yo estoy sentada sobre su lomo, el viento fresco golpea mi cara, pero es más bien una caricia y se trata más bien de una brisa. El sol me quema y me calienta el alma, y entre pájaros que vuelan alrededor y un horizonte que promete que todo es eterno, efímero e imposiblemente bello, aparece Mark Wahlberg andando a caballo, igual que yo. Da vueltas y vueltas alrededor mío, parece Django cuando libera a Broomhilda de la plantación de Calvin Candie. Ahora yo estoy con Chon, subo y bajo las montañas corriendo. Somos personajes de una película, y según el guión, Mark y yo nos vamos a enamorar. 
Las lágrimas me recuerdan que no estoy en el Paraíso, pues allá no existe la muerte. La belleza ya no es infinita y estoy viva. Se acaba de morir la abuela de Magda. Qué drama, todos lloran. Estamos en una clase de computación, yo pongo música desde youtube. Magda tiene una hermanita y se saca fotos con sus amigas durante el velorio.
De repente mamá me manda un mensaje diciendo que está en un restaurante comiendo con Valen. Me confundo, porque en la foto veo que está diferente a como lo recordaba.
Tanta lágrima se convierte en río, y en algún momento de la tragedia me debo haber movido, porque ahora estoy en un bote en el medio de las islas con Pachu. El agua es transparente y es de noche. Fini está recién casada y sale de una piedra para avisarnos que se va a la peluquería, mejor así, porque su pelo está hecho un desastre. Un tipo de barba y pelo largo entra y sale de las piedras como si fuese un hombre de las cavernas. No está vestido, apenas tiene un rabo. Vivimos así, esta es la vida ahora y lo aceptamos con naturalidad.
Pero ahora que lo pienso, ¿habrán sido las islas parte de un mundo paralelo? ¿O habrá sido el sueño que alguien alguna vez soñó hasta que el hombre soñado despertó y recordó, tal como recordará esto, tal como me recordará a mí, leyéndoles los brotes de mi inconciente a ustedes en este taller? ¿Seremos el sueño o el recuerdo de alguien? Porque ahora estoy en un living preguntándome si salir o no esta noche. Estoy con las chicas y decido irme a dormir, estoy cansada. Pero alguien  me lleva a un cuarto de hotel con dos amigos y un señor obeso, un tanto tímido. Los dos primeros aspiran cocaína y yo la tomo porque está líquida en un vaso, parece whiskey. Cuando me doy cuenta que era droga, voy corriendo al baño a vomitarla. El señor obeso ya está en el baño vomitando todo lo que tomó y comió, pobre hombre, no puede parar. Hay restos por todos lados. Después se pone a gritar como loco que yo soy una mala persona, que lo aparté de mí y me reprocha que no le hablé. Recién se calma cuando el otro lo tranquiliza. Quiero, necesito irme de acá. Alguien toma esa decisión y nos vamos, no sin antes pensar en cómo la señora del hotel va a encontrar el lugar. Yo le digo al tipo que limpie su vómito.
El auto me lleva a una misa en una noche de lluvia. Al final de la ceremonia preguntan si el paraguas que se perdió es de alguien. Era de una viejita y lo va a buscar contenta. Yo tengo el mío en mano, que ahora que lo miro me doy cuenta que estuvo abierto durante toda la misa. Salimos, llovía, le comparto el paraguas a Coco que se estaba mojando. Vamos a su casa, pero llegamos a la de los Macedo. Con Fran, Valen y Jo volvemos a casa en bici, pero afuera de lo de Coco, en una mesa sobre la vereda, hay una docena de huevos, los anteojos de coco y un par de bolsas. Como no podemos cargar con todo en la bici, las dejamos ahí. Alguien vendrá a buscarlas mañana, cuando todo sea normal y no llueva más. 

lunes, 26 de octubre de 2015

Se te acabó

Se te acabó, podés volver a tu casa tranquilo que no vas a volver. Ya no hay lugar para vos, corrupción, mentira, impunidad. Seguí levantándote como hiciste cada mañana, vaya uno a saber con qué cara, con qué convicción para mirar tus ojos en el espejo del baño, para prometerle lo imposible a una Nación que se merece mucho más que palabras sin sentido, para robarle a la gente hasta lo que no tiene mientras vos te enriqueciste, enceguecido por tanta sed y ambición de poder, por tanta vanidad. Destruíste un país que hoy se vuelve a levantar con esperanza, empobreciste a los más pobres, les quitaste posibilidades a los que menos las tenían y nos mentiste descaradamente en la cara. Promoviste el tráfico de droga, el lavado de dinero, la pobreza, el hambre, la corrupción, la coima. Esos son tus valores, esa es tu ética. Volvé a tu casa con la cabeza baja y el corazón más bajo todavía, porque hoy la Argentina se levanta. Hoy cada uno de los ciudadanos toma las riendas de un país que necesita salir a flote, que vela por un cambio, que reza por la paz, que promueve la seguridad, es símbolo de servicio y lucha por la verdad. Nadie nos va a sacar lo que es nuestro, nadie nos va a privar de nuestras libertades, nadie va a corromper nuestros derechos y las ganas del cambio. Francisco hizo un pacto con Dios y Dios siempre está del lado del bien. Hoy triunfa ese bien, hoy triunfa el amor, la educación, la inclusión. Volvé a tu casa, escondete de la justicia que te persigue, de tu conciencia impune, pues el mundo que te hizo rey se da vuelta para acusarte de villano, de ladrón. Ya no nos da vergüenza decir que somos argentinos, no somos el mero país del sur o una parte más de Latinoamérica. Somos ARGENTINA, un país con gente capacitada, la cumbre de los recursos naturales, una potencia en potencia. Nos caracteriza la pasión, la perseverancia, la fuerza. Lo tuyo nunca fue una cuestión de principios. Te burlaste de ellos, te reíste, te regocijaste, te bañaste en oro, te elevaron, te mentiste a vos mismo, pero se te acabó. Volvé a tu casa. Enloquecé o seguí creyendo tus mentiras o drogate o date por vencido o rodeate de la gente que te aplaude mientras sus ojos lloran sangre, las esposas les aprietan cada vez más las muñecas y las cadenas les cortan los pies, ya no importa. Hoy el foco está lejos, mucho más lejos. Está puesto donde se necesita. La plata y el poder no duran para siempre, pero nosotros sí. Y acá estamos levantando los escombros de una Patria que se asoma con fuerza y humildad. El sol de la bandera vuelve a brillar, sale de entre tanta tormenta, le hace frente a las nubes y nuestros corazones se empiezan a calentar. Sonríen entonces las sonrisas del alma.




domingo, 23 de agosto de 2015

Como si fuesen pájaros

La música refleja tus ganas desesperadas de vivir, de gritar, de ser, estás enredado en los cables que transportan tu energía desequilibrada y no sabés cómo expresar lo inexpresable, la palabra euforia no alcanza, no es lo suficientemente exacta como tu sonrisa en éxtasis, ni siquiera "éxtasis" explica que estás con sed de vida, más vida de la que tenés, esa necesidad de caminar y seguir caminando para seguir viendo y conociendo y encontrando y seguir envolviéndote en el mundo, sentarte en la esquina y ver a los locos pasar, o ni sentarte podés, ahora estás parado, viendo el universo, estás dentro del mismo, te sentís parte, sos pedazo de tierra, te excitás con solo pensarlo, meditarlo, el motor de tu cabeza no puede frenar y los médicos te dicen que necesitás contemplar pero tu mente no puede frenar, solo quiere andar, el humo sale de tu cuerpo como sale la adrenalina de tus brazos, la fuerza de tus piernas es imparable. Querés amar y te sale un grito, lo tenías guardado para un día especial como este, el calor del whikey que tomaste hace unos minutos te quema la garganta, pero no, no es el alcohol, es la sangre que te quema y el alma que te arde, ¡pero claro! ¡Te prendiste fuego! Reís a carcajadas viendo lo que tu propio cuerpo generó, no necesitaste un encendedor o un cigarro, es tu cuerpo mismo el que arde. Un homeless canta canciones de Dylan sin parar, ríe con su barba larga y el pitbull que lo acompaña afuera del mercadito, está borracho y está feliz con su guitarra, le canta al aire que vos respirás. Tus pulmones pueden inhalar, tus ojos pueden ver, tus manos tocar, tu cabeza baila con tu cuerpo y el sol baja, el aire está un poco más frío que ayer, las bicicletas no ruedan, flotan. No sabés si es real o si tus sueños son la única realidad verdadera, pero este pueblo te sienta bien, no es ciudad, el río que lo cruza refleja tus pasiones, amás todo, todo lo que ves y tocás, querés compartirlo y le cantás a la vieja que pasa por al lado, le servís un té a la inglesa que solo se sabe quejar, le levantás la mesa a un anciano, recibís la sonrisa de una joven, aceptás el capricho de un bebé que tira lápices de colores, dejás de ser auto para convertirte en camino, la ruta camina con vos y comprendés que fuiste hecho para seguir, “the only thing I knew how to do was to keep on keeping on like a bird that flew”. Es que es eso, te movés como un pájaro, entendés que podés volar, te caen lágrimas de alegría, te sobrepasa la emoción, tu vida por un segundo se convirtió en canción, estás más sensible que nunca jamás, querés visitar el mundo de nunca jamás; y mirás los botes que flotan sobre el agua como canoas, perdidas ellas te perdés vos con ellas. La cerveza se desparrama a tu alrededor, las gotas de vino se chorrean de las botellas, tus ojos buscan comprender pero solo podés disfrutar. No te alcanza con sentir, querés transmitir. Escribís desesperado, se te traban los dedos, sentís cómo el aire te pega en la cara, ves un perro corriendo, agarrás la bici y rodás por las nubes junto con el resto. Es el principio de un viaje eterno, comprendés y volvés a llorar. 

miércoles, 24 de junio de 2015

Berlín

En Berlín se ven los escombros de una tierra que fue y ya no es. La historia se hizo ceniza pero los recuerdos se hicieron cemento, y hoy la memoria perdura para no volver a caer. En Berlín se ven las ganas de cambiar, de tolerarlo todo hasta no tolerar nada. Berlin se alejó tanto de su pasado que se acerca a un futuro diferente, siempre cerca del extremo. Discernir entre el bien y el mal ya casi es imposible, pues el bien y el mal ni siquiera existen. Está bien, siempre y cuando choque contra lo que algún día fue; todo con tal de no acercarse hacia lo que algún día sufrieron. La apertura de mente es tal que la mente se quedó perdida por ahí. Una sociedad joven que volvió a nacer del polvo, calles reconstruidas, monumentos nuevos, paredes diferentes, ciudadanos pertenecientes a distintos mundos tan pequeños y distintos que no se juzgan ni se miran entre sí. Nada está establecido, todo ha de crearse y reinventarse de nuevo. En Berlín se respira el respeto por la historia y la compasión por las víctimas, se escuchan los llantos de los inocentes, se vislumbran las marcas de los asesinados y la sangre de los maltratados, aparecen las ropas de los bebés sin familias, las cartas de los enamorados que fueron separados a la fuerza; se evidencia las ganas de vivir con la que se quedaron los jóvenes y el amor arrebatado de los ancianos. Se percibe la vergüenza de los humillados y nadie comprende semejante atrocidad pero todos la contemplan, nadie entiende semejante maldad, todos callan, rezan, proclaman la tolerancia, defienden la teoría de que todo es normal si es raro, escapan de los totalitarismos, aman la libertad y se escapan de lo mundano. Vivir en Berlín implica asimilar lo que pasó hace unos años, los campos de concentración a unos kilómetros recuerdan los millones de inocentes asesinados, gente que solo quería vivir en paz. Gente cuya vida fue arrebatada sin razón. Gente sometida a torturas físicas y psíquicas. Gente que jamás hizo otra cosa que vivir su vida tranquila, sin molestar.

Hoy Berlín son las ganas de escapar de esa realidad que fue hace poco; es el miedo de aceptar que el hombre fue capaz de matar sin culpa y sin razón, es el terror de siquiera pensar que si alguna vez pasó entonces puede volver a pasar. En Berlín, la capital que acogió a las mentes del plan macabro, se respira todo eso: desesperanza y asco de lo que puede llegar a ser el ser humano. Viviendo ahí la historia se hace tangible, las huellas quedaron y los nombres no serán olvidados. Es tan real que el miedo es más grande, y es tal el miedo al negro que todo es de colores. Era tan gruesa la línea que ahora no hay línea. Era tan grande el muro que ahora el muro viste graffitis que le cantan al mundo y visten estrellas de david. Berlín tiene tanto miedo a ser lo que fue, que ahora, ante la duda, trata de no ser.

lunes, 11 de mayo de 2015

UK - día especial

Hoy es esa tarde en la que el sol descansó a lo lejos sobre el río, mientras los botes flotaban como canoas perdidas, mientras tus ojos buscaban un lugar escondido, lejos en el bosque cerca del cielo. Mientras la nostalgia quebraba lo que tus manos tocaron un año atrás, esa misma cerveza fría en el mismo lugar un año después.
Con las manos frías y un recuerdo que arde, con los ojos abiertos y la mente al alba caminan por las calles que nacieron con el rock, visitan los bares que conquistaron al jazz y bailan con la gente que quiso ser artista. Un grupo de actores, músicos y cineastas que buscan trabajo para comer y sueñan mientras preparan tragos para aquellos pocos acomodados; miran sus reflejos en los vasos y sueñan con Broadway, Scorssesse; estudian con melancolía las fotos de Pink Floyd que decoran el lugar, visten sus mejores remeras de James Dean y se peinan como Marilyn Monroe prometiéndose a sí mismos serse fieles. Mientras un manager que les quitó la dignidad que conservaban los obliga a pararse erguidos, sonreírle falsamente a los clientes y a ser agradables aunque el precio sea ser repugnantes.
Andan en bicicletas para toparse con ese mundo dentro de otro, para encontrar ahí lo que tanto buscaron en otro lado, para sentir otro olor, ver otros ojos, tocar otro color.
La música suena y les recuerda que esto es solo un sueño, que la vida real permanece lejos de esta farsa, que la cotidianidad remonta a la rutina y la rutina es la única verdad.
Sin embargo se ilusionan, dejan de lado la mirada desafiante del gerente, hacen de sus días la vida que quieren vivir, se emocionan con otros y escuchan sus historias, pues son tantos los mundos, son tantos los cuentos, son infinitas las lágrimas.
Es tan grande tu sonrisa.
Es uno de esos días que vale la pena vivir.
Cuántos cuentos habrían de enriquecerte el corazón, cuantos paisajes rozarían tu memoria, cuántas vidas habrían de entrar y salir del bar, tan ricas y una tan distinta de la otra. Cuántas personas habría todavía por conocer, extraños que dejarían de serlo. Un mexicano con un pasado triste, un gerente con el corazón roto que mira cómo  poco a poco se va desintegrando un equipo que formó con tiempo -¿es que no es todo tiempo?-, el trabajo de una vida que de repente es manipulado. Corrupción.
En silencio y con la cabeza baja se lamenta, sabiendo que ya no hay mucho por hacer. Su trabajo ahí ya terminó.
Entonces se apagan las luces, el horno no quema, a lo lejos un amplificador hace sonar un disco de blues. El fuego de las velas calienta, las maderas brillan. El lugar está vacío, la cocina en silencio. Quieta. Y lo que antes era su dueño, ahora entra para contemplarla. Cuántos recuerdos, cuántas historias, menúes, platos, comidas. El trabajo de una vida vino y se fue como quien entra y deja el bar, no sin salir distinto, no sin haber cambiado.
Son esas las cosas que aman hoy, es ese momento, esa epifanía que llega como un astro, esa luz que vino a cambiarle un poco la vida, el camino que atraviesa los parques verdes, los castillos pensados para los reyes, una ciudad con tanta historia y tanta música; lejos están del caos, lejos de los buenos aires. Pero hay un aura que las acompaña y gente que se encuentran, que le da esperanza a este universo que gira cínico y feliz. 

martes, 5 de mayo de 2015

Desde UK

Vivir a lo lejos pero vivir al fin, estar en contacto con otras cosas, castillos góticos, jardines de la realeza, cervezas eternas que jamás han de acabarse, pubs y panzas y barbas y camisas escocesas, gritos y más cerveza aún, aunque parezca mentira, aunque parezca una película. Es que nadie lo dijo, pero todo se trata de una película en realidad, una película real o una realidad hecha película, vaya uno a saber. Ver lo diferente, tocar lo diferente, abrazarlo y querer volver a besar lo que uno ya conoce. Ver que hay vida en cada esquina y risas y llantos en cada rincón, aprender que lejos de casa hay un mundo frío y feliz a su vez, comprender que de la experiencia se enriquece y de la riqueza no se vive. 
Sentir los adoquines en los pies, no sentir los pies, cansarse y agotarse y desplomarse en un jardín, sentir el viento frío que corta los labios, ver al mundo disfrazado de mentira y a la mentira lejos de sí, lejos de aquí, lejos de todo.
Escuchar conversaciones, calentarse el alma con el castellano, encomendar al cielo el sol, aprender a ser feliz con las nubes y encontrar lo celestial en la lluvia también.
Un pueblo hecho ciudad bañado de extranjeros, una casita de familia cerca del río, despertar escuchando la música que ama, las armónicas que le cantan a los árboles y ah, los parques, los parques de acá, qué lindos que son tus parques.
Hacer del viaje un libro autobiográfico, una crónica que se escribe a cada minuto, dejar un poco de sí en cada lugar, que cada lugar le aporte algo a su vida que ha de seguir llenándose de amor por la vida misma, más vida, más experiencia, conocimiento.
Y el bar que las acogió, ese donde Syd Barrett tocó cada viernes antes de convertirse en una parte de  Pink Floyd, ese donde los vinos son muchos y las historias infinitas.
Han de seguir recorriendo, han de seguir caminando por la ruta, lejos de la desolación y más bien cerca de la risa de Cambridge, ese mundo de tantos que quedan todavía por conocer.

martes, 14 de abril de 2015

Nuestro sueño

Escribir con el corazón roto es más fácil, tal vez más noble. El significado radica en que se dejaron cosas de lado con tal de arriesgarlo todo por una causa mayor, esa que termina en el amor, no menos. No aquél que tantos profesan, sino ese que pocos se animan a proclamar, el que nos enamoró y me enamoró de vos. Porque no fueron tus ojos de mar, no tus manos blancas, no tu sonrisa inocente –o tal vez fue eso también, ahora que te veo sonreír de vuelta, mientras los pájaros de colores dan vueltas alrededor de tu cabeza, mientras los unicornios bailan alrededor de tus hombros, mientras el mundo que construimos es tanto mejor que el paralelo, el real, el frío. Fue todo eso lo que me ablandó el corazón (que más hacia el final te lo demostré) pero lo que realmente me sacó de mí misma, me revolcó y nunca más ha de meterse dentro de mío; fueron tus ganas de amar sin ataduras; el poco miedo en tus palabras; tu sentir exagerado pero real, tus lágrimas fáciles y enteras. 

Quiero verte hoy, quiero verte ahora. Quiero que el mundo nuestro sea el real, quiero que tu romanticismo trascienda el aire, el océano, los mares. Y si me siguen dando a elegir, quiero que el mundo sea valiente y pasional. Miro el sol y río cuando me acuerdo de que hay alguien más romántico que yo, tan entregado al amor y a los gestos que el mismo arrastra consigo como la ola a un pez. 

Y tu forma de ver la vida, bella como es, única, infinita como tus brazos, poco cínica, amable. “Siempre vas a sufrir con el amor” dijiste sincero, ya entregado frente al pronto adiós y con el corazón amalgamado por los recuerdos que te avasallaban.

Fuiste una inspiración para quienes queremos creer que la poesía puede hacerse realidad. Una luz en el túnel, una tarde de calor en pleno invierno, una caricia al cuerpo y una sonrisa para el alma. Guardo la flor que me regalaste cuando hundidos en una noche oscura de promesas y costumbres perdidas nos dimos un beso para conocernos más, y entonces apaciguaste la búsqueda de eso que no sabíamos que estábamos buscando.

Nos hacemos las preguntas a las respuestas que jamás vamos a encontrar, guardamos la esperanza de encontrarnos escondidos en el mar o empapados bajo la tormenta, disfrazados de nube, o postrados sobre el sol o sentados en una estrella; hasta que finalmente nos encontramos para volver a perdernos de vista. Como todo, comenzó para terminar, nos conocimos para recordarnos a lo lejos y buscar juntos el absurdo que se encuentra dentro de otro absurdo que rodea (o es) la vida. Encontrar el amor duele, y toparse con él sabiendo que hemos de perderlo, duele todavía más.

Pero no fue en vano todo lo vivido, hoy las estrellas cantan nuestros nombres. Dos almas que románticas pero mundanas le ganaron al resto de las probabilidades. Y por eso, los poetas se alegran y los locos brindan y vuelven a creer que un sueño puede sellarse y permanecer en la luna. Quieto, intacto, nuevo.