Se te acabó, podés volver a tu
casa tranquilo que no vas a volver. Ya no hay lugar para vos, corrupción,
mentira, impunidad. Seguí levantándote como hiciste cada mañana, vaya uno a
saber con qué cara, con qué convicción para mirar tus ojos en el espejo del
baño, para prometerle lo imposible a una Nación que se merece mucho más que
palabras sin sentido, para robarle a la gente hasta lo que no tiene mientras
vos te enriqueciste, enceguecido por tanta sed y ambición de poder, por tanta
vanidad. Destruíste un país que hoy se vuelve a levantar con esperanza,
empobreciste a los más pobres, les quitaste posibilidades a los que menos las
tenían y nos mentiste descaradamente en la cara. Promoviste el tráfico de
droga, el lavado de dinero, la pobreza, el hambre, la corrupción, la coima.
Esos son tus valores, esa es tu ética. Volvé a tu casa con la cabeza baja y el
corazón más bajo todavía, porque hoy la Argentina se levanta. Hoy cada uno de los
ciudadanos toma las riendas de un país que necesita salir a flote, que vela por
un cambio, que reza por la paz, que promueve la seguridad, es símbolo de
servicio y lucha por la verdad. Nadie nos va a sacar lo que es nuestro, nadie
nos va a privar de nuestras libertades, nadie va a corromper nuestros derechos
y las ganas del cambio. Francisco hizo un pacto con Dios y Dios siempre está
del lado del bien. Hoy triunfa ese bien, hoy triunfa el amor, la educación, la
inclusión. Volvé a tu casa, escondete de la justicia que te persigue, de tu
conciencia impune, pues el mundo que te hizo rey se da vuelta para acusarte de
villano, de ladrón. Ya no nos da vergüenza decir que somos argentinos, no somos
el mero país del sur o una parte más de Latinoamérica. Somos ARGENTINA, un país
con gente capacitada, la cumbre de los recursos naturales, una potencia en
potencia. Nos caracteriza la pasión, la perseverancia, la fuerza. Lo tuyo nunca
fue una cuestión de principios. Te burlaste de ellos, te reíste, te
regocijaste, te bañaste en oro, te elevaron, te mentiste a vos mismo, pero se
te acabó. Volvé a tu casa. Enloquecé o seguí creyendo tus mentiras o drogate o date
por vencido o rodeate de la gente que te aplaude mientras sus ojos lloran
sangre, las esposas les aprietan cada vez más las muñecas y las cadenas les cortan
los pies, ya no importa. Hoy el foco está lejos, mucho más lejos. Está puesto
donde se necesita. La plata y el poder no duran para siempre, pero nosotros sí. Y
acá estamos levantando los escombros de una Patria que se asoma con fuerza y
humildad. El sol de la bandera vuelve a brillar, sale de entre tanta tormenta,
le hace frente a las nubes y nuestros corazones se empiezan a calentar. Sonríen
entonces las sonrisas del alma.
lunes, 26 de octubre de 2015
domingo, 23 de agosto de 2015
Como si fuesen pájaros
La música refleja tus ganas desesperadas de vivir, de gritar, de ser, estás enredado en los cables que transportan tu energía desequilibrada y no sabés cómo expresar lo inexpresable, la palabra euforia no alcanza, no es lo suficientemente exacta como tu sonrisa en éxtasis, ni siquiera "éxtasis" explica que estás con sed de vida, más vida de la que tenés, esa necesidad de caminar y seguir caminando para seguir viendo y conociendo y encontrando y seguir envolviéndote en el mundo, sentarte en la esquina y ver a los locos pasar, o ni sentarte podés, ahora estás parado, viendo el universo, estás dentro del mismo, te sentís parte, sos pedazo de tierra, te excitás con solo pensarlo, meditarlo, el motor de tu cabeza no puede frenar y los médicos te dicen que necesitás contemplar pero tu mente no puede frenar, solo quiere andar, el humo sale de tu cuerpo como sale la adrenalina de tus brazos, la fuerza de tus piernas es imparable. Querés amar y te sale un grito, lo tenías guardado para un día especial como este, el calor del whikey que tomaste hace unos minutos te quema la garganta, pero no, no es el alcohol, es la sangre que te quema y el alma que te arde, ¡pero claro! ¡Te prendiste fuego! Reís a carcajadas viendo lo que tu propio cuerpo generó, no necesitaste un encendedor o un cigarro, es tu cuerpo mismo el que arde. Un homeless canta canciones de Dylan sin parar, ríe con su barba larga y el pitbull que lo acompaña afuera del mercadito, está borracho y está feliz con su guitarra, le canta al aire que vos respirás. Tus pulmones pueden inhalar, tus ojos pueden ver, tus manos tocar, tu cabeza baila con tu cuerpo y el sol baja, el aire está un poco más frío que ayer, las bicicletas no ruedan, flotan. No sabés si es real o si tus sueños son la única realidad verdadera, pero este pueblo te sienta bien, no es ciudad, el río que lo cruza refleja tus pasiones, amás todo, todo lo que ves y tocás, querés compartirlo y le cantás a la vieja que pasa por al lado, le servís un té a la inglesa que solo se sabe quejar, le levantás la mesa a un anciano, recibís la sonrisa de una joven, aceptás el capricho de un bebé que tira lápices de colores, dejás de ser auto para convertirte en camino, la ruta camina con vos y comprendés que fuiste hecho para seguir, “the only thing I knew how to do was to keep on keeping on like a bird that flew”. Es que es eso, te movés como un pájaro, entendés que podés volar, te caen lágrimas de alegría, te sobrepasa la emoción, tu vida por un segundo se convirtió en canción, estás más sensible que nunca jamás, querés visitar el mundo de nunca jamás; y mirás los botes que flotan sobre el agua como canoas, perdidas ellas te perdés vos con ellas. La cerveza se desparrama a tu alrededor, las gotas de vino se chorrean de las botellas, tus ojos buscan comprender pero solo podés disfrutar. No te alcanza con sentir, querés transmitir. Escribís desesperado, se te traban los dedos, sentís cómo el aire te pega en la cara, ves un perro corriendo, agarrás la bici y rodás por las nubes junto con el resto. Es el principio de un viaje eterno, comprendés y volvés a llorar.
miércoles, 24 de junio de 2015
Berlín
En Berlín se ven los escombros de una tierra que fue y ya no es. La historia se hizo ceniza pero los recuerdos se hicieron cemento, y hoy la memoria perdura para no volver a caer. En Berlín se ven las ganas de cambiar, de tolerarlo todo hasta no tolerar nada. Berlin se alejó tanto de su pasado que se acerca a un futuro diferente, siempre cerca del extremo. Discernir entre el bien y el mal ya casi es imposible, pues el bien y el mal ni siquiera existen. Está bien, siempre y cuando choque contra lo que algún día fue; todo con tal de no acercarse hacia lo que algún día sufrieron. La apertura de mente es tal que la mente se quedó perdida por ahí. Una sociedad joven que volvió a nacer del polvo, calles reconstruidas, monumentos nuevos, paredes diferentes, ciudadanos pertenecientes a distintos mundos tan pequeños y distintos que no se juzgan ni se miran entre sí. Nada está establecido, todo ha de crearse y reinventarse de nuevo. En Berlín se respira el respeto por la historia y la compasión por las víctimas, se escuchan los llantos de los inocentes, se vislumbran las marcas de los asesinados y la sangre de los maltratados, aparecen las ropas de los bebés sin familias, las cartas de los enamorados que fueron separados a la fuerza; se evidencia las ganas de vivir con la que se quedaron los jóvenes y el amor arrebatado de los ancianos. Se percibe la vergüenza de los humillados y nadie comprende semejante atrocidad pero todos la contemplan, nadie entiende semejante maldad, todos callan, rezan, proclaman la tolerancia, defienden la teoría de que todo es normal si es raro, escapan de los totalitarismos, aman la libertad y se escapan de lo mundano. Vivir en Berlín implica asimilar lo que pasó hace unos años, los campos de concentración a unos kilómetros recuerdan los millones de inocentes asesinados, gente que solo quería vivir en paz. Gente cuya vida fue arrebatada sin razón. Gente sometida a torturas físicas y psíquicas. Gente que jamás hizo otra cosa que vivir su vida tranquila, sin molestar.
Hoy Berlín son las ganas de escapar de esa realidad que fue hace poco; es el miedo de aceptar que el hombre fue capaz de matar sin culpa y sin razón, es el terror de siquiera pensar que si alguna vez pasó entonces puede volver a pasar. En Berlín, la capital que acogió a las mentes del plan macabro, se respira todo eso: desesperanza y asco de lo que puede llegar a ser el ser humano. Viviendo ahí la historia se hace tangible, las huellas quedaron y los nombres no serán olvidados. Es tan real que el miedo es más grande, y es tal el miedo al negro que todo es de colores. Era tan gruesa la línea que ahora no hay línea. Era tan grande el muro que ahora el muro viste graffitis que le cantan al mundo y visten estrellas de david. Berlín tiene tanto miedo a ser lo que fue, que ahora, ante la duda, trata de no ser.
lunes, 11 de mayo de 2015
UK - día especial
Hoy es esa tarde en la que el sol descansó a lo lejos sobre el río, mientras los botes flotaban como canoas perdidas, mientras tus ojos buscaban un lugar escondido, lejos en el bosque cerca del cielo. Mientras la nostalgia quebraba lo que tus manos tocaron un año atrás, esa misma cerveza fría en el mismo lugar un año después.
Con las manos frías y un recuerdo que arde, con los ojos abiertos y la mente al alba caminan por las calles que nacieron con el rock, visitan los bares que conquistaron al jazz y bailan con la gente que quiso ser artista. Un grupo de actores, músicos y cineastas que buscan trabajo para comer y sueñan mientras preparan tragos para aquellos pocos acomodados; miran sus reflejos en los vasos y sueñan con Broadway, Scorssesse; estudian con melancolía las fotos de Pink Floyd que decoran el lugar, visten sus mejores remeras de James Dean y se peinan como Marilyn Monroe prometiéndose a sí mismos serse fieles. Mientras un manager que les quitó la dignidad que conservaban los obliga a pararse erguidos, sonreírle falsamente a los clientes y a ser agradables aunque el precio sea ser repugnantes.
Andan en bicicletas para toparse con ese mundo dentro de otro, para encontrar ahí lo que tanto buscaron en otro lado, para sentir otro olor, ver otros ojos, tocar otro color.
La música suena y les recuerda que esto es solo un sueño, que la vida real permanece lejos de esta farsa, que la cotidianidad remonta a la rutina y la rutina es la única verdad.
Sin embargo se ilusionan, dejan de lado la mirada desafiante del gerente, hacen de sus días la vida que quieren vivir, se emocionan con otros y escuchan sus historias, pues son tantos los mundos, son tantos los cuentos, son infinitas las lágrimas.
Es tan grande tu sonrisa.
Es uno de esos días que vale la pena vivir.
Cuántos cuentos habrían de enriquecerte el corazón, cuantos paisajes rozarían tu memoria, cuántas vidas habrían de entrar y salir del bar, tan ricas y una tan distinta de la otra. Cuántas personas habría todavía por conocer, extraños que dejarían de serlo. Un mexicano con un pasado triste, un gerente con el corazón roto que mira cómo poco a poco se va desintegrando un equipo que formó con tiempo -¿es que no es todo tiempo?-, el trabajo de una vida que de repente es manipulado. Corrupción.
En silencio y con la cabeza baja se lamenta, sabiendo que ya no hay mucho por hacer. Su trabajo ahí ya terminó.
Entonces se apagan las luces, el horno no quema, a lo lejos un amplificador hace sonar un disco de blues. El fuego de las velas calienta, las maderas brillan. El lugar está vacío, la cocina en silencio. Quieta. Y lo que antes era su dueño, ahora entra para contemplarla. Cuántos recuerdos, cuántas historias, menúes, platos, comidas. El trabajo de una vida vino y se fue como quien entra y deja el bar, no sin salir distinto, no sin haber cambiado.
Son esas las cosas que aman hoy, es ese momento, esa epifanía que llega como un astro, esa luz que vino a cambiarle un poco la vida, el camino que atraviesa los parques verdes, los castillos pensados para los reyes, una ciudad con tanta historia y tanta música; lejos están del caos, lejos de los buenos aires. Pero hay un aura que las acompaña y gente que se encuentran, que le da esperanza a este universo que gira cínico y feliz.
martes, 5 de mayo de 2015
Desde UK
Vivir a lo lejos pero vivir al fin, estar en contacto con otras cosas, castillos góticos, jardines de la realeza, cervezas eternas que jamás han de acabarse, pubs y panzas y barbas y camisas escocesas, gritos y más cerveza aún, aunque parezca mentira, aunque parezca una película. Es que nadie lo dijo, pero todo se trata de una película en realidad, una película real o una realidad hecha película, vaya uno a saber. Ver lo diferente, tocar lo diferente, abrazarlo y querer volver a besar lo que uno ya conoce. Ver que hay vida en cada esquina y risas y llantos en cada rincón, aprender que lejos de casa hay un mundo frío y feliz a su vez, comprender que de la experiencia se enriquece y de la riqueza no se vive.
Sentir los adoquines en los pies, no sentir los pies, cansarse y agotarse y desplomarse en un jardín, sentir el viento frío que corta los labios, ver al mundo disfrazado de mentira y a la mentira lejos de sí, lejos de aquí, lejos de todo.
Escuchar conversaciones, calentarse el alma con el castellano, encomendar al cielo el sol, aprender a ser feliz con las nubes y encontrar lo celestial en la lluvia también.
Un pueblo hecho ciudad bañado de extranjeros, una casita de familia cerca del río, despertar escuchando la música que ama, las armónicas que le cantan a los árboles y ah, los parques, los parques de acá, qué lindos que son tus parques.
Hacer del viaje un libro autobiográfico, una crónica que se escribe a cada minuto, dejar un poco de sí en cada lugar, que cada lugar le aporte algo a su vida que ha de seguir llenándose de amor por la vida misma, más vida, más experiencia, conocimiento.
Y el bar que las acogió, ese donde Syd Barrett tocó cada viernes antes de convertirse en una parte de Pink Floyd, ese donde los vinos son muchos y las historias infinitas.
Han de seguir recorriendo, han de seguir caminando por la ruta, lejos de la desolación y más bien cerca de la risa de Cambridge, ese mundo de tantos que quedan todavía por conocer.
martes, 14 de abril de 2015
Nuestro sueño
Escribir con el corazón roto es más fácil, tal vez más noble. El significado radica en que se dejaron cosas de lado con tal de arriesgarlo todo por una causa mayor, esa que termina en el amor, no menos. No aquél que tantos profesan, sino ese que pocos se animan a proclamar, el que nos enamoró y me enamoró de vos. Porque no fueron tus ojos de mar, no tus manos blancas, no tu sonrisa inocente –o tal vez fue eso también, ahora que te veo sonreír de vuelta, mientras los pájaros de colores dan vueltas alrededor de tu cabeza, mientras los unicornios bailan alrededor de tus hombros, mientras el mundo que construimos es tanto mejor que el paralelo, el real, el frío. Fue todo eso lo que me ablandó el corazón (que más hacia el final te lo demostré) pero lo que realmente me sacó de mí misma, me revolcó y nunca más ha de meterse dentro de mío; fueron tus ganas de amar sin ataduras; el poco miedo en tus palabras; tu sentir exagerado pero real, tus lágrimas fáciles y enteras.
Quiero verte hoy, quiero verte ahora. Quiero que el mundo nuestro sea el real, quiero que tu romanticismo trascienda el aire, el océano, los mares. Y si me siguen dando a elegir, quiero que el mundo sea valiente y pasional. Miro el sol y río cuando me acuerdo de que hay alguien más romántico que yo, tan entregado al amor y a los gestos que el mismo arrastra consigo como la ola a un pez.
Y tu forma de ver la vida, bella como es, única, infinita como tus brazos, poco cínica, amable. “Siempre vas a sufrir con el amor” dijiste sincero, ya entregado frente al pronto adiós y con el corazón amalgamado por los recuerdos que te avasallaban.
Fuiste una inspiración para quienes queremos creer que la poesía puede hacerse realidad. Una luz en el túnel, una tarde de calor en pleno invierno, una caricia al cuerpo y una sonrisa para el alma. Guardo la flor que me regalaste cuando hundidos en una noche oscura de promesas y costumbres perdidas nos dimos un beso para conocernos más, y entonces apaciguaste la búsqueda de eso que no sabíamos que estábamos buscando.
Nos hacemos las preguntas a las respuestas que jamás vamos a encontrar, guardamos la esperanza de encontrarnos escondidos en el mar o empapados bajo la tormenta, disfrazados de nube, o postrados sobre el sol o sentados en una estrella; hasta que finalmente nos encontramos para volver a perdernos de vista. Como todo, comenzó para terminar, nos conocimos para recordarnos a lo lejos y buscar juntos el absurdo que se encuentra dentro de otro absurdo que rodea (o es) la vida. Encontrar el amor duele, y toparse con él sabiendo que hemos de perderlo, duele todavía más.
Pero no fue en vano todo lo vivido, hoy las estrellas cantan nuestros nombres. Dos almas que románticas pero mundanas le ganaron al resto de las probabilidades. Y por eso, los poetas se alegran y los locos brindan y vuelven a creer que un sueño puede sellarse y permanecer en la luna. Quieto, intacto, nuevo.
miércoles, 25 de febrero de 2015
Nuestra noche
Gatsby se habría quedado corto
con sus fiestas, las estrellas en el cielo no alcanzarían, la luna no habría
brillado lo suficiente en comparación con tus ojos aquella noche. Tus besos
habrían sido pocos, tu mirada sombría, tus manos lúgubres, el mar quieto. La música
no habría inspirado a los poetas, el calor habría faltado, la lujuria sobrado,
la simpleza abrumado. Como tus ganas de bailar, esas que me seducen. En esa
noche que por tan perfecta fue imposible, en ese lugar que fue tan bello que fue
una mentira, en ese mundo que parecía imaginario, en esas playas desiertas
donde tu mano se posó sobre la mía para avisarme que estabas al lado mío,
mientras las ballenas nadaban lejos, sobre arcoíris brillantes cerca de la
línea perfecta del horizonte, donde una gaviota le avisó a otra que estaban
cerca de llegar a destino. A Willy Wonka le habrían faltado caramelos de
colores, a Tarantino le habría faltado sangre y sarcasmo, a Neruda rimas. A mis
abuelas les habría faltado cielo y a mí, amor. Pues dónde volveré a encontrar
semejante noche, en cuál de todos los mundos paralelos se encuentran esas horas
perdidas, en qué canción aparecen tus palabras, en qué vagón de qué tren estás vos
ahora, yendo a donde nadie va.
Cuándo se repetirá esa noche, de
todas las noches del mundo; tal vez jamás, y jamás será.
Nunca habrá de temblar el mundo
como tembló aquel día, nunca más volverán a sentir los animales de la tierra el
desnudo de los ríos, la sequedad del hielo, el silencio de la lluvia.
Permanecerá para siempre en el alma que compartimos, esa que canta cuando nos
ve juntos.
Y es inevitable empezar a pensar
que el amor que dibujan las películas no existe, que los actos de heroísmo que
describen los libros nunca ocurrieron, que la gente no muere por amor, sino por
la falta del mismo; que dos personas no se aman para siempre sino que se
pertenecen a lo lejos. Que tus ojos ya no brillarán como aquella noche, que tus
promesas se fueron con el humo que soplaban tus labios, que el amor que
profesabas era, en realidad, unas meras ganas de amar.
Volvamos a bailar a la luz de la
luna, volvamos a brillar como aquella noche sin bruma, volvamos a reír con furor
y locura, volvamos una vez más a vivir nuestra noche, pues ya ves que este amor
no tiene –y jamás tendrá- ninguna cura.
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